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El Buró Nacional de Estadísticas anunció hoy que el índice de precios al consumo (IPC) se situó por debajo de la cifra registrada en julio, del 2,7 por ciento, un dato que continúa muy por debajo del límite marcado por el Gobierno chino para este año, del 3,5 por ciento.

El ligero aumento se debió al precio de los alimentos, que aumentaron un 4,7 por ciento interanual en agosto, mientras que los productos no alimentarios subieron un 1,5 por ciento.

Los alimentos representan aproximadamente un tercio de la cesta de la compra típica del consumidor chino.

Con los datos recogidos en agosto, el organismo señaló que el precio medio del consumo ha subido un 2,5 por ciento en China en estos primeros ocho meses del año.

Los datos del Buró también muestran que el índice de precios al productor cayó un 1,6 por ciento con respecto al mismo mes del año anterior, comparado con el descenso del 2,3 por ciento interanual de julio, en el que es el décimo octavo mes consecutivo en el que los precios al productor registran bajadas.

La ligera caída del IPC chino se sitúa en línea a lo esperado por los analistas y es visto como un posible índice más de la estabilización de la debilitada economía china, como lo fue la víspera el buen dato de las exportaciones.

La Administración General de Aduanas anunció que en agosto las exportaciones chinas continuaron su recuperación y crecieron un 7,2 por ciento.

Todo ello supone un impulso para el Gobierno chino, ya que estos datos le abren la posibilidad de aplicar medidas de estímulo para reactivar la economía de la segunda economía mundial, que se ha desacelerado en nueve de los últimos diez trimestres.

“La posibilidad de una flexibilización monetaria está aumentado”, señaló a Efe el profesor de la Universidad de Pekín Michael Pettis, quien, no obstante, expresó su esperanza de “que Pekín no caerá en la tentación”.

Según explicó Pettis, asociado del instituto de investigación (o “think tank”) Carnegie, China “experimenta serios problemas con el aumento de su deuda”, por lo que cualquier estímulo empeorará este problema.

“Ése es el principal obstáculo al que se enfrenta China. Su crecimiento depende mucho de su deuda pero su deuda crece muy rápido. Si tratan de reducir el crecimiento de la deuda, el crecimiento de la economía sufrirá una mayor desaceleración”, apuntó el experto, en línea con muchos otros analistas que descartan cambios importantes en la política monetaria del país.

Es el caso de diversos expertos de la agencia de calificación Moody's quienes también consideraron en un comunicado hoy que China no aflojará su política monetaria, debido a la serie de datos optimistas conocidos en los últimos meses.

Entre ellos, señalaron el aumento en la producción industrial registrado en julio y la recuperación del sentimiento manufacturero, así como la mencionada aceleración de las exportaciones.

China creció un 7,7 por ciento en 2012 y se espera que este año lo haga en torno al 7,5 por ciento, en línea con las previsiones del Gobierno pero que resultaría la tasa más baja en 23 años, en un momento en el que el país ha empezado a poner en marcha reformas pro-mercado para reestructurar su modelo económico.

El país pretende dar el salto de una economía muy dependiente del comercio exterior a una donde el consumo interno sea el motor de crecimiento.

En su discurso ante la cumbre del G20 en San Petersburgo (Rusia) la semana pasada, el presidente chino, Xi Jinping, indicó el compromiso de su país con las reformas y aseguró que está dispuesto a sacrificar un crecimiento más rápido para permitir que éste sea sostenible a largo plazo.

Por su parte, el primer ministro, Li Keqiang, afirma hoy en un artículo de opinión en el Financial Times que “no podemos continuar el viejo modelo de fuerte consumo y fuerte inversión”.

“En su lugar, debemos adoptar una posición que busque el crecimiento estable, el reajuste estructural y una mayor reforma”, declara Li.