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El M23 ha decidido replegarse de la primera línea del frente en la zona de Kanyaruchuna, cerca de la localidad de Kibati, a unos veinte kilómetros de Goma, capital de la conflictiva provincia de Kivu del Norte, fronteriza con Ruanda.

En ese área, los rebeldes y la brigada de intervención de la Misión de la ONU para la Estabilización de la República Democrática del Congo (MONUSCO), apoyada por el Ejército congoleño, han librado intensos combates en la última semana.

Una serie de ataques con obuses perpetrados en la última semana han causado la muerte de civiles en Goma, aunque no está clara la procedencia de los proyectiles.

“Vamos a suspender las operaciones militares, la lucha en el frente de Kanyaruchina, para permitir a los investigadores de la ONU comprobar de dónde proceden las bombas arrojadas contra la población civil en la ciudad de Goma”, afirmó el presidente del M23, Bertrand Misimwa, en un comunicado remitido a Efe.

“El Gobierno de Kinshasa ha acusado a los rebeldes de lanzar esas bombas desde territorio ruandés. Esto no es cierto. Más bien, son las Fuerzas Armadas de la RDC (FARDC) las que disparan contra el territorio de Ruanda “, aseguró Misimwa.

El M23 abogó también por la reanudación de las negociaciones de paz con el Gobierno congoleño en Kampala, paralizadas desde el pasado junio.

La MONUSCO ha acusado a los rebeldes de lanzar bombas deliberadamente contra civiles en Goma, extremo que niegan los insurgentes.

Según la ONU, cuatro proyectiles cayeron el pasado miércoles en Goma, donde al menos una persona murió y doce resultaron heridas.

Entre los pasados días 23 y 24, al menos cinco civiles perdieron la vida por bombardeos en Goma.

Las autoridades congolesas acusaron a Ruanda de “crímenes de guerra”, al asegurar que los proyectiles que alcanzaron Goma fueron lanzados desde Ruanda y no desde posiciones de los rebeldes del M23.

La ministra de Exteriores de Ruanda, Louise Mushikiwabo, advirtió ayer de que su país “no dudará en defender” su territorio, tras varias agresiones armadas recientes supuestamente realizadas desde la vecina RDC.

Mushikiwabo condenó los ataques y responsabilizó del lanzamiento de proyectiles a las FARDC, a las que atribuyó el origen de 32 cohetes lanzados en la última semana.

Aunque Ruanda ha estado tradicionalmente involucrada en el eterno conflicto del fronterizo este de la RDC, la posición oficial de Kigali es la de no intervención y de apuesta por la paz.

El este de la RDC, una zona rica en minerales, ha sido históricamente zona de fricción entre el Congo, Ruanda y la también vecina Uganda, y allí operan numerosos grupos armados.

Los combates entre el M23 y el Ejército congoleño se reanudaron hace semanas en Kivu del Norte, cuando los rebeldes amenazaron con volver a ocupar Goma, como hicieron en noviembre pasado.

Los rebeldes se retiraron entonces de Goma, tras la presión de la Conferencia Internacional de la Región de los Grandes Lagos y el compromiso del Gobierno de la RDC de negociar con ellos.

El M23 lo forman soldados congoleños amotinados, algunos de ellos miembros del antiguo Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo supuestamente fieles al rebelde Bosco Ntaganda, procesado por la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra.

La RDC está inmersa aún en un frágil proceso de paz tras la segunda guerra del Congo (1998-2003), que implicó a varios países africanos, y tiene desplegados en su territorio a unos 19.000 efectivos de la ONU.