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El rostro del padre, indescriptible. El lugar, un portal en el suroeste de Siria. Y la escena, cargada de emoción en medio de tanta guerra. Abraza a su hijo pequeño a quien creía muerto en el ataque químico. Cae al suelo y llora. Se llevan al niño. Parece estar a punto de desmayarse. Consigue ponerse en pie. Le abrazan, le besan. Es la fuerza de un vecindario golpeado por la muerte. Con el padre m…