Compartir

En su comparecencia como testigo en la cuarta jornada del juicio que
se celebra en un tribunal de Jinan, Wang ha sostenido que cuando le dijo
a Bo que su mujer, Gu Kailai, había envenenado a Heywood, éste
enfureció y le dio un puñetazo en la cara. Wang también se ha reafirmado
en la versión oficial del juicio que se celebró en su contra por este
caso, según la cual Bo le ordenó que eliminara las pruebas de este
crimen y después le despidió
, lo que llevó al ex jefe de Policía a
denunciar los hechos en el consulado estadounidense de Chengdu.

“Wang
ha mentido constantemente durante su testimonio. Lo que ha dicho es
totalmente falso. Es decepcionante. Es un carácter vil que está
difundiendo rumores y enturbiando las aguas. Solo está fanfarroneando”,
ha dicho Bo. En concreto, se ha referido al supuesto puñetazo que le
dio. “El dice que le di un golpe, pero lo cierto es que nunca aprendí a
boxear y que no tengo fuerza para hacerlo”, ha explicado
, de acuerdo con
la transcripción publicada en la red social china Weibo.

En la
sesión del pasado sábado, Bo ya adelantó que no había intentado proteger
a su mujer, aunque admitió cierta “responsabilidad” en la mala gestión
de la salida de Wang de la Policía. “No fui capaz de actuar con mente
fría en un momento crítico”, dijo
.

El día anterior, cargó contra
Gu por declarar que estaba al tanto del dinero y la villa en la Riviera
francesa que la Fiscalía asegura que fueron entregados a la pareja por
un empresario amigo. “Está loca”, sostuvo. “Debido a su enfermedad
mental, los investigadores la han sometido a gran presión para que me
destape”, señaló.
Además, en las primeras sesiones Bo se retractó de sus
declaraciones iniciales, negando -hasta en tres ocasiones- haber
aceptado 1,1 millones de yuanes (134.578 euros) de manos de la
exportadora hongkonesa de Tang Xiaolin.

LÍO DE FALDAS

Una infidelidad es el último ingrediente de un caso que ha despertado el interés mundial por los cassos de corrupción en la administración china. La mujer que provocó la ruptura de Bo y Gu Xilai es una joven veinteañera llamada Li. Y, a juzgar por las propias investigaciones del PCCh, no debió de ser la única. “Gu estaba enfadada conmigo por el adulterio”, reconoció Bo. Sin duda, puede parecer un detalle propio de un mal culebrón, pero es la piedra angular de la defensa del exdirigente chino, que ayer acusó a su mujer de ser la que malversó los 5 millones de yuanes -625.000 euros- de fondos públicos destinados a un edificio público de la ciudad de Dalian, en la que mantuvo la relación extramatrimonial con Li y donde él fue alcalde en la década de 1990.

Este cargo se basa, entre otros, en el testimonio de un testigo que asegura haber escuchado una conversación telefónica en la que Bo reconocía desviar el dinero del proyecto para mantener a su esposa. “Ni el corrupto más estúpido cometería un error así”, respondió Bo ayer, antes de asegurar que siempre fue muy cauteloso con el móvil, algo que han corroborado incluso occidentales que tuvieron algún contacto con él. Eso sí, esta vez Bo no negó tener parte de culpa en este caso. “Cometí serios errores y fui indulgente”, reconoció, porque sí que vio cómo el dinero llegaba a una cuenta de Gu. “Estoy dispuesto a aceptar mi responsabilidad por ello, un episodio del que me siento avergonzado”.