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El relator de la ONU se queja al Gobierno birmano de falta de “protección”

“El Estado tiene la responsabilidad de protegerme. Esto no sucedió. El Estado falló en la protección”, indicó Quintana a los medios al final de su visita de 10 días por varias provincias del país donde persisten los conatos de violencia.

El pasado 19 de agosto, un grupo de 200 personas rodeó el coche que transportaba a Ojea y comenzó a golpear y patear las puertas y ventanas mientras lo increpaban en la ciudad de Meiktila, uno de los lugares donde estalló la violencia étnica entre budistas y musulmanes.

Nadie resultó herido en el incidente, aunque el relator de la ONU se vio obligado a suspender su visita a un campo de desplazados donde residen unos 1.600 musulmanes.

“El miedo que sentí durante el incidente, sentirme totalmente desprotegido a pesar de las cercanas patrullas de Policía me dio una visión del miedo que los residentes pudieron haber sentido al ser perseguidos por violentas turbas durante la violencia del pasado marzo”, indicó el enviado de Naciones Unidas.

Al igual que en el reciente incidente, la Policía falló al controlar a los grupos violentos de “golpear, apuñalar y quemar” a sus víctimas el pasado marzo, señaló el enviado.

El brote de violencia prendió el pasado día 20 de marzo a raíz de una discusión entre los dueños musulmanes de una tienda de oro y clientes budistas y, además de los 43 muertos, causaron 12.000 desplazados y miles de casas quemadas, según datos gubernamentales.

El año pasado, la violación y asesinato de una joven budista a manos de varios musulmanes en el estado de Rakhine (oeste) desató otra ola de violencia sectaria que costó la vida a 163 personas y dejó más de 100.000 desplazados, de los que gran parte aún continúan en campamentos de refugiados.

El viaje de Ojea Quintana, que llegó el día 10 a Rangún y visitó durante diez días distintas áreas donde habitan minorías étnicas, tenía como objetivo comprobar el respeto a los derechos humanos en las zonas donde viven los rohingyas, así como en otras áreas habitadas por otras minorías étnicas como los kachin o los chin.

La ONU, Estados Unidos, la Unión Europea y gobiernos de otros países han expresado su preocupación por que los disturbios puedan contribuir a descarrilar las reformas que acomete Birmania después de casi medio siglo de regímenes militares.

Birmania tiene cerca de 60 millones de habitantes, de los que el 89 por ciento son budistas, un 4 por ciento musulmanes y el resto de otras religiones.

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