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“A partir de sus conclusiones científicas, será la comunidad internacional la que determine los siguientes pasos a seguir para que los responsables sean llevados ante la justicia”, dijo Ban en una conferencia de prensa en la sede central de la ONU.

El equipo de expertos capitaneado por el profesor sueco, Ake Sellström, solo tiene mandato para investigar si se usaron armas químicas, no quién las usó, y hoy empezó sus trabajos en Siria tras recibir autorización del régimen después de meses de negociaciones.

En todo caso, el secretario general dijo que de confirmarse el uso de ese tipo de armamento en Siria, “sin importar quién o en qué circunstancias”, supondría una violación del derecho internacional por la que deberían responder sus responsables.

La misión se encuentra ya sobre el terreno para investigar tres incidentes, uno denunciado por el régimen en Jan al Asal, en la provincia septentrional de Alepo, donde, según las autoridades, 26 personas murieron en un supuesto ataque rebelde en marzo pasado.

Los otros dos incidentes han sido denunciados por diferentes gobiernos occidentales pero desde Naciones Unidas han decidido no revelar los lugares exactos donde se registraron “por motivos de seguridad”.

“Es la primera denuncia de uso de armas de destrucción masiva que tenemos en el siglo XXI (…) y de confirmarse cualquiera que sean sus responsables deberán ser enjuiciados”, reiteró el secretario general.

Ban recordó que la misión de expertos trabajará por un periodo inicial de catorce días, ampliable de mutuo acuerdo, recalcó que para que la investigación sea creíble necesitarán “acceso total”, y subrayó que las autoridades son responsables de su seguridad.

“Necesitan acceder a los lugares para recoger muestras, además entrevistar y examinar a los testigos y a las víctimas, hablar con el personal médico y llevar a cabo autopsias”, añadió el secretario general.

Por último, volvió a agradecer el apoyo a esa misión por parte de la Organización para la Destrucción de Armas Químicas (OPAQ) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) y reiteró su plena confianza en el equipo liderado por el profesor Sellström.

Tanto el régimen de Bachar al Asad como los rebeldes armados se han acusado recíprocamente de emplear armas químicas en Siria, uno de los siete países que no firmó la Convención sobre Armas Químicas de 1997.

Desde que se inició la guerra civil en Siria, en marzo de 2011, han muerto más de 100.000 personas y casi 7 millones necesitan ayuda humanitaria de emergencia, según las últimas cifras de Naciones Unidas.