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La letra pequeña también puede jugar malas pasadas a los bancos, como lo demostró un residente de la ciudad rusa de Vorónezh al introducir sus propias condiciones en un contrato de préstamo con una entidad financiera, que firmó el documento sin percatarse de que era una trampa.Dmitri Agárkov, un expolicía, se ha convertido estos días en un héroe popular en la prensa rusa y en internet tras dar de …