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Durante la misa oficiada tras la ceremonia de investidura de Cartes, el religioso confió en su sermón en que con “la prudencia de los gobernantes y la honestidad de los ciudadanos” se afiance “la concordia y la justicia” y el pueblo paraguayo pueda “gozar de tranquilidad y de paz”.

El arzobispo de Asunción recordó, ante Cartes y las autoridades nacionales y extranjeras invitadas, que la Constitución paraguaya establece la colaboración entre la Iglesia y el Estado “respetando la independencia y autonomía de ambas instituciones”.

Cartes llegó a la catedral desde el Palacio de Gobierno, donde celebró su ceremonia de asunción del mando, en un automóvil descapotable que perteneció al dictador Alfredo Stroessner (1954-89), escoltado por el regimiento presidencial montado.

El nuevo mandatario, acompañado por su hija mayor, Sofía, fue saludando a los ciudadanos bastón de mando en mano y con la banda presidencial cruzada en el pecho, desde el vehículo, que fue utilizado en una ocasión por el ya fallecido exdictador argentino Jorge Rafael Videla.

El arzobispo dijo que “la fe es una luz de la fuerza que le da sentido a las obras sociales, principalmente a aquellas que inciden en la abolición de la corrupción en todas sus manifestaciones”.

“Cuando la fe ilumina, el Estado se convierte en instrumento de la caridad para atender al pueblo necesitado que, más que nunca, necesita de una atención firme y urgente, tanto de las autoridades nacionales como del servicio evangelizador de la Iglesia”, destacó el religioso.

Al acto de asunción de Cartes y a la misa Te Deum en la Catedral acudieron cinco presidentes latinoamericanos -la argentina Cristina Fernández, la brasileña Dilma Rousseff, el uruguayo José Mujica, el chileno Sebastián Piñera y el peruano Ollanta Humala- así como el príncipe Felipe de Borbón, en representación de España.