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Las líneas de metro cortadas, con el consiguiente caos en los desplazamientos; las alarmas de los establecimientos inactivas, con el consecuente pillaje; sin aire acondicionado en pleno agosto y los fantasmas de los atentados del 11 de septiembre de 2001, ante el miedo a otro ataque terrorista, se sufrieron en la ciudad aquel día.

Pero el mayor apagón de la historia de Estados Unidos también supuso la oportunidad de observar un espectáculo urbano único, con un skyline apagado en el atardecer, un Times Square sin su sobredosis lumínica o un cielo estrellado como nunca más se ha visto en Nueva York, cuyas fotos hoy vuelven a poblar internet como “souvenir” de esos atípicos momentos.

Bastaron nueve segundos a las 20.10 GMT para que un área de 24.000 kilómetros cuadrados quedara desabastecida de electricidad, incluidas 100 plantas energéticas, 22 de ellas nucleares.

Se cancelaron 400 vuelos, en algunos puntos del país se tardó hasta tres días en restablecer el servicio y las pérdidas se cifraron en 6.000 millones de dólares.

Aquel apagón dejó en evidencia lo obsoleto del sistema energético de Estados Unidos y la renovación del mismo requirió una inversión multimillonaria y obligó al Congreso de Estados Unidos a aprobar en tiempo récord una ley de energía que evitara que se repitiera lo que los expertos, entonces, definieron como un “tendido tercermundista”.

Hace diez años no existía la red social Twitter, pero hoy el hashtag #Blackout2003 recoge impresiones, anécdotas y chistes sobre lo que pasó.

Algunos estaban firmando el contrato de su nueva vivienda y sintieron que aquello era una señal del destino y otra persona recuerda que estaba haciéndose un tatuaje que quedó a medias para siempre.

“Fue la mejor fiesta callejera de mi barrio. Todas las barbacoas en fila en la calle, cocinando todos los alimentos perecederos. Todos sentados y riendo”, asegura otra tuitera.

“Desde entonces el precio de la electricidad no ha hecho más que subir, subir y subir”, se indica en otro mensaje, en el que se pide un nuevo apagón de protesta por este aumento en las facturas de la luz.

A muchos neoyorquinos, en cambio, el apagón más que un recuerdo lejano les parece una experiencia reciente, pues el huracán Sandy revivió esa misma situación en el sur de Manhattan para 750.000 personas el pasado octubre.