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El vicepresidente egipcio de Relaciones Exteriores, Mohamed el Baradei, renunció este miércoles al cargo, tras los disturbios de las últimas horas en el país, en una carta dirigida al jefe de Estado interino, Adli Mansur. “Presento mi dimisión del puesto de vicepresidente y pido a Dios el altísimo que preserve nuestro querido Egipto de todo lo malo, y que cumpla las esperanzas y aspiraciones de pueblo”, escribe El Baradei en su misiva.

De momento, el Ministerio de Sanidad egipcio ha elevado a 278 muertos y a 2.000 heridos el balance oficial de víctimas en todo el país por los enfrentamientos entre los seguidores del anterior presidente egipcio, Mohamed Mursi, y las fuerzas de seguridad, después de que los agentes iniciaran el desalojo de los campamentos de protesta en El Cairo, según informa la BBC. El Ministerio del Interior informó de que son 43 los policías fallecidos en estos disturbios.

Entre los fallecidos está la hija adolescente de uno de los líderes de los Hermanos Musulmanes, Mohamed el Beltagy, detenido durante uno de los desalojos en la capital egipcia. El hermano de la joven explicó que la adolescente ha recibido disparos en la espalda y en el pecho. Ante esta situación, la Presidencia egipcia optó por decretar el estado de emergencia en todo el país durante un mes desde ayer a la tarde. Las autoridades decretaron el toque de queda en doce de los 27 territorios, de manera que nadie puede abandonar sus casas desde las 21.00 hasta las 06.00 horas. La batería de medidas tomadas incluye la posibilidad de hacer registros y detenciones preventivas, sin orden previa.

Respecto a estas medidas, el secretario de Estado de EE.UU, John Kerry, instó a detener el estado de emergencia declarado en Egipto pese a los “deplorables” episodios de violencia y subrayó que el futuro del país se decidirá “en las próximas horas y días”. “Estados Unidos se opone rotundamente a la vuelta a una ley de estado de emergencia y creemos que debe acabar lo antes posible”, dijo Kerry en una declaración no anunciada en el Departamento de Estado.

El inicio del desalojo

A primera hora de la mañana, la Policía lanzó gases lacrimógenos desde helicópteros y envió a paracaidistas, que aterrizaron en las azoteas de los edificios contiguos a la plaza cairota de Rabea al Adauiya para desmantelar una acampada de los islamistas.

El fontanero Ali Mohamed, uno de los acampados en lugar, señaló que él estaba dormido en su tienda de campaña cuando, sobre las 07.00 horas, los agentes comenzaron a arrojar gases lacrimógenos desde helicópteros contra los manifestantes partidarios de Mursi. “Había paracaidistas que cayeron encima de edificios y empezaron a disparar”, apuntó Mohamed, que se encontraba en la zona central de la plaza, junto al escenario donde los islamistas llevaban a cabo sus concentraciones de protesta.

Mohamed subrayó que aquello se convirtió en un poco menos que una ratonera y que nadie pudo huir porque todas las calles que acceden al lugar están cerradas, pese a que el Ministerio del Interior había anunciado que permitiría la salida de aquellos que lo quisieran a través de la calle Stad al Bahari. El testigo aclaró que los manifestantes, entre ellos mujeres y menores, se han refugiado en el interior de la mezquita de Rabea al Adauiya, que da su nombre a la plaza, bajo árboles y dentro de tiendas de campaña. Cerca de allí, las fuerzas del orden atacaron a una marcha en el barrio de Alaf Maskan, en el distrito de Ciudad Naser, causando la muerte de al menos 30 personas, según informan en su web los Hermanos Musulmanes.

En la otra punta de El Cairo se pudo ver ver una nube de humo que sale del campamento de protesta de Nahda, en el distrito de Giza, que ya está “bajo control” total de las fuerzas de seguridad y “lograron eliminar la mayoría de las tiendas de la plaza”, según relato a media mañana el ministerio egipcio del Interior. Las autoridades persiguieron a los manifestantes que huyeron al vecino parque de Orman, donde decenas de seguidores de Mursi fueron detenidos con la ayuda de vecinos de la zona.

Mientras tanto, en Al Fayum, una población situada al sur de El Cairo, los choques entre islamistas y fuerzas de seguridad después de que los primeros atacasen un puesto policial dejaron varios muertos y decenas de heridos. Entre los fallecidos se encuentra el imán de una mezquita y el conductor de uno de los vehículos de la policía.

Llamada para tomar las calles

En medio del caos, los Hermanos Musulmanes instaron a todos los egipcios a salir a las calles del país para impedir una masacre en las acampadas de islamistas. “Esto no es un intento de acabar con una protesta, sino una eliminación sangrienta de cualquier voz que se opone al golpe militar”, añadió el portavoz del grupo islamista Gehad al Hadad en Twitter.

La llamada de los Hermanos Musulmanes fue secundada por numerosos seguidores en Alejandría (norte) -cortaron el paseo marítimo a la altura de la mezquita de Al Qaed Ibrahim-, Asuán (sur) -centenares de islamistas se han congregado frente al edificio de la gobernación, que tuvo que ser evacuado- y en distintas zonas de la capital, donde se paralizó el tráfico de trenes de entrada y salida para evitar la movilización de partidarios del depuesto presidente islamista.

Decenas de manifestantes se congregaron en la plaza de Mustafa Mahmud, en el distrito de Mohandesin, desde donde arrojaron piedras y donde quemaron neumáticos para cortar las calles. Una fuente de los servicios de seguridad explicó que simpatizantes de la Hermandad se reunieron, además, frente a la mezquita de Al Nur, en el barrio de Abasiya, para dirigirse a la plaza de Rabea al Aduiya, donde se encuentra una de las acampadas. La televisión estatal también informó de una marcha desde la zona de Ramsés, en el centro de la capital, hacia Rabea al Adauiya. Según la fuente, hubo tiroteo intenso en la plaza de Rabea ya que hubo personas que disparaban desde las azoteas de varios edificios. La televisión egipcia ha destacado que un oficial de la policía fue secuestrado por los manifestantes en Rabea al Adauiya, aunque no ha habido novedades al respecto.

Graves destrozos

En otras zonas del país, miembros de los Hermanos Musulmanes atacaron varias comisarías y edificios gubernamentales en distintas provincias del país. Los islamistas entraron en la comisaría del Uarrá en el distrito cairota de Imbaba, donde prendieron fuego y retienen al oficial de policía al mando. Además, liberaron a los presos que se encontraban en esa comisaría. En Beheira (norte) destruyeron el edificio de la gobernación provincial; mientras que en Garbiya (norte) intentaron irrumpir en otra comisaría y en la sede de la gobernación. En Al Fayum, entraron en otra sede policial, en la que causaron un incendio. En previsión de más ataques, la policía en la provincia de Al Qaliubiya, al norte de la capital, ha empezado a trasladar a los presos de las comisarías a cárceles.

También fueron incendiadas tres iglesias coptas en el centro de Egipto. Dos de ellas fueron atacadas en la provincia de El Menia, mientras que arrojaron cócteles molotov contra la iglesia Mar Gergiss, situada en el recinto de la diócesis de Sohaf, ciudad en la que vive una importante comunidad cristiana ortodoxa copta. La provincia de Suez, al noreste del país, tampoco fue ajena a los disturbios.

Dadas las circunstancias, el Gobierno egipcio amenazó con hacer frente con “toda la dureza y firmeza” a los ataques contra propiedades públicas y comisarías. El portavoz del Consejo de Ministros Sherif Shauqi leyó un comunicado del Ejecutivo en el que ha asegurado que perseguirán a “los alborotadores” para proteger las propiedades del pueblo. Además, el Gobierno pidió a los Hermanos Musulmanes que dejen de instigar a sus seguidores para que perjudiquen la seguridad nacional. Asimismo, insistió en que las autoridades seguirán adelante con el plan trazado para la transición, que contempla la celebración de elecciones anticipadas y la reforma de la Constitución.