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Keita o IBK, favorito y claro vencedor de la primera cita electoral del pasado 28 de julio, se presenta como el político con la experiencia y la fortaleza necesarias para restablecer la debilitada autoridad del Estado.

“Insto a los votantes que hicieron una elección diferente en la primera vuelta a concederme sus votos para construir juntos un Mali fuerte, unido y pacífico”, decía IBK en su perfil de Facebook durante la campaña electoral de esta segunda vuelta.

Cissé, por su parte, ha trabajado sobre su perfil tecnócrata y ha privilegiado la cuestión económica haciendo hincapié en la necesidad de potenciar el desarrollo y de consolidar la paz a través del lanzamiento de un “plan Marshall” para Mali.

“La paz, la estabilidad y la seguridad son condiciones clave para el desarrollo económico y social”, aseguraba Cissé en una entrevista publicada recientemente por el diario maliense L'Essor.

Ambos se postulan para presidir un Mali sumido en una profunda crisis política desde el golpe de estado del 22 de marzo de 2012 y recién salido de una guerra que, entre enero de 2012 y enero de 2013, enfrentó a fuerzas regulares contra grupos rebeldes y radicales islámicos en el norte del país.

Tras conocerse los resultados de la primera vuelta, en la que IBK, que preside el partido Reagrupación por Mali (RPM) logró el 39 % y Cissé, de la Unión por la República (UPR), el 19 %, los dos líderes se lanzaron en busca del apoyo de los otros 25 candidatos descartados.

Según sus respectivas formaciones, IBK ha recabado el apoyo de 20 aspirantes, entre ellos el de Dramane Dembelé, candidato del partido mayoritario ADEMA y que quedó en tercera posición con un 9 % de los votos.

Por su parte, Cissé se ha granjeado el favor del ex primer ministro Modibo Sidibé, que quedó en cuarto lugar, así como el del partido ADEMA, que decidió desmarcarse de su candidato Dembelé y pidió a sus simpatizantes que voten por Cissé.

Con la balanza reequilibrada tras las nuevas alianzas, ambos líderes representan también dos visiones distintas sobre la asonada militar de 2012, que dividió a la clase política y a la sociedad entre progolpistas y antigolpistas.

Cissé, detenido en abril del año pasado por la Junta Militar golpista, se enmarca claramente como representante del segundo grupo.

Sin embargo, IBK ha optado por mantener una postura ambigua que le ha alejado de los antigolpistas y le ha granjeado los apoyos del progolpista Movimiento Popular 22 de marzo (MP22) y del partido Solidaridad Africana por la Democracia y la Independencia (SADI).

Dicha postura, reflejo para sus detractores de la simpatía existente entre Keita y el cabecilla de la junta militar, Amado Haya Sanogo, también le ha servido a IBK para no ser identificado con la clase política maliense de la era anterior a la que muchos responsabilizan de ser los culpables de la situación del país.

“El domingo 11 de agosto la elección está clara. Se trata de elegir entre el cambio y un sistema que ha fracasado”, aseguraba IBK a sus seguidores en la recta final de las elecciones en uno de sus mucho intentos de marcar distancias con la anterior etapa.

Por su parte, en la reciente entrevista con L'Essor, Cissé declaraba que los votantes deberán elegir el próximo domingo entre su visión “dinámica” de un nuevo Mali o la visión “inmovilista” de IBK.

Educados en Francia, Cissé e IBK fueron antiguos compañeros de filas bajo la presidencia de Alfa Omar Konaré (1992-2002) cuando Keita presidió el Gobierno (1994-2000) y Cissé se encargó de dirigir el Ministerio de Finanzas (1993-2000).

No obstante, sus carreras políticas se separaron en 2002, cuando ambos concurrieron como candidatos a las elecciones presidenciales en las que se impuso Amado Tumani Turé, que repitió triunfo en 2007.

En 2003, Cissé sería designado comisario por Mali de la Unión Económica y Monetaria de África Occidental y un año después elegido presidente de la comisión de dicha organización económica, y no regresó de lleno a la política nacional hasta 2012.

IBK, por su parte, nunca ha dejado la arena política maliense en su empeño por alcanzar la presidencia. Una meta, que tras los resultados de la primera vuelta, nunca ha tenido tan cerca. Idrissa Diakité