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El psiquiatra militar estadounidense Nidal Hasan, acusado de asesinar a trece soldados y de herir a 32 en la base militar de Fort Hood, en Texas, el 5 de noviembre de 2009, ha lanzado un alegato contra la guerra en su primer turno de palabra durante el juicio que ha comenzado hoy.

Hasan, que se representará a sí mismo, ha reconocido los asesinatos pero ha asegurado que lo hizo para proteger a los musulmanes y a los talibán de Afganistán. Al psiquiatra, de 42 años, se le imputan trece cargos de asesinato y 32 de intento de asesinato, por lo que de ser declarado culpable podría ser condenado a muerte.

Los testigos de los hechos aseguraron que el 5 de noviembre Hasan entró en las instalaciones médicas de la base de Fort Hood donde los soldados estadounidenses iban a someterse a controles médicos y a ser vacunados. El psiquiatra se subió entonces a una mesa, gritó una bendición islámica y comenzó a disparar con dos pistolas, parando únicamente para recargar.

Durante la primera vista del juicio, que tiene lugar en la misma base en la que se produjo la matanza, el acusado ha comenzado leyendo un breve comunicado en el que ha adelantado que los testigos que desfilarán ante el tribunal durante las sucesivas sesiones “afirmarán que la guerra es algo malo”. “Ambas partes sienten la muerte, la destrucción y la devastación”, pero “sólo se mostrará la versión de una de las partes”, la de los militares, ha lamentado Hasan, según informan medios norteamericanos.

Radicalización

La acusación espera demostrar que Hasan, musulmán devoto, sufrió una “progresiva radicalización”. El fiscal Michael Mulligan ha asegurado este lunes que “las pruebas demostrarán que Hasan no quería viajar a Afganistán y tenía el deber yihadista de matar a los máximos soldados posibles”.

Entre las personas que testificarán contra el psiquiatra hay varios supervivientes de la matanza, como el suboficial Christopher Royal, que recibió dos disparos en la espalda. “Escapé sin resultar herido”, ha declarado Royal a la cadena estadounidense CNN. “Llegué al aparcamiento y me dije 'no puedo dejar que se salga con la suya. Ni si quiera pensaba que no tenía un arma. Simplemente sabía que no podía salirse con la suya”, ha añadido.

Más allá de las heridas físicas por los disparos, el suboficial sufre también estrés postraumático que le impide desarrollar su trabajo de especialista en ordenadores con normalidad y sentirse seguro en su propio país. “Me siento más cómodo sobre el terreno. De verdad”, ha reconocido Royal, que estuvo cuatro veces destinado en Irak y una en Afganistán. “Creo que, ahora mismo, me sentiría más cómodo viviendo en Irak que en Estados Unidos”, ha asegurado.