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Un estudio llevado a cabo por la Universidad de Humboldt (Berlín) con la colaboración del Centro UCM-ISCIII de Evolución y Comportamientos Humanos de Madrid revela que comer en un restaurante con amigos es más relajante que hacerlo solo en la mesa de la oficina y podría ser de utilidad para buscar nuevas soluciones a problemas o resolver conflictos.

«Es sabido que la producción de nuevas ideas se frena cuando uno mismo o los demás somos demasiado críticos. Por lo tanto, una relajación del control cognitivo como la que produce la comida en un restaurante puede fomentar la creatividad y la armonía social», explica el investigador Werner Sommer, autor principal del estudio, a la agencia SINC.

Pero también tiene su cruz, y es que este paréntesis que hacemos disminuye el control cognitivo en situaciones que requieren atención y también la precisión en el trabajo.

Por ello dependiendo de la labor que vayamos a afrontar convendrá hacer un tipo de almuerzo u otro, aunque para la salud de nuestro organismo está claro que lo mejor es una comida con amigos y con sobremesa, tal y como afirma la doctora y experta en Medicina Preventiva y Salud Pública María Sáinz, presidenta de la Fundación de Educación para la Salud, Fundadeps

«Qué, con quién comemos y cómo nos movemos son las tres claves para una dieta sana», explica la experta, pero la crisis ha afectado a un acto social que solíamos practicar.

Puchero, cuchara y sobremesa contra la crisis

«Dejamos de hacer comidas con amigos por si gastamos de más, algo que no tiene nada que ver porque se puede hacer por poco dinero. Paulatinamente, la persona afectada por la crisis se va aislando, lo que hace que cada vez sienta más pena, más angustia, más soledad, con lo que la depresión crece. Es entonces cuando buscará cualquier cosa con la que se pueda sentir saciado, por lo que consumirá alimentos ricos en grasas porque les darán una momentánea sensación de plenitud», explica la doctora.

Hay que ser realista. No es la pérdida de poder adquisitivo la que nos hace comer peor, ya que en el mercado hoy encontramos un amplia gama de alimentos baratos capaces de nutrirnos perfectamente: «Lo que hay es una crisis cultural. La dieta mediterránea, que está basada en la cuchara, es algo que hoy hemos perdido. Y la cuchara son caldos, son purés, son potajes y todo eso no es caro, porque patatas con un poquito de carne y verduras es de los más barato que hay», explica.

En la cesta semanal tiene que haber, a diario, pan, pasta, arroces, ricos en hidratos de carbono que aportan pocas calorías y se queman rápido; lácteos y sus derivados, que nos aportan calcio, vitaminas y minerales; patatas, batatas y alimentos de este tipo, al menos tres veces a la semana, y verduras y frutas (al menos dos piezas diarias) y mejor de temporada porque, además de más baratas, son más ricas.

Y como hay que comer un poco de grasa al día, aceite de oliva en poca cantidad en las ensaladas. Luego, y solo dos o tres veces a la semana, podemos permitirnos lo que además encarece la compra: un pescado o una carne, pero no todos los días; suele pensarse que eso hay que tomarlo a diario y no es así porque ni siquiera es saludable.

El resto de días, si queremos poner unos trocitos de carne o de pescado en un puchero, perfecto, pero no piezas enteras. Y, los caprichos dulces, muy de vez en cuando.