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Las negociaciones entre demócratas y republicanos en la Cámara de Representantes se encuentran ahora en un momento clave, después de que el Senado aprobase su versión de la reforma migratoria el pasado 27 de junio, incluso con el apoyo de 14 republicanos.

Así, la pelota se encuentra sobre el tejado de la Cámara de Representantes, presidida por el republicano John Boehner y donde sus correligionarios insisten en supeditar la legalización a la seguridad fronteriza y en adoptar la reforma en medidas separadas y no de forma “integral”.

Algunos republicanos, además, se muestran reacios a legalizar a todo el universo de once millones de indocumentados que se calcula residen actualmente en EE.UU.

El jueves, cerca de sesenta activistas de la comunidad inmigrante fueron arrestados en sendas protestas frente al Congreso de EE.UU para exigir la aprobación de la reforma migratoria.

“Cada día que la Cámara de Representantes deja de lado la reforma, se deporta a 1.100 miembros de nuestra comunidad. Estamos acá para decir basta, nuestra comunidad se ha organizado y movilizado, y exige un voto”, explicó Marielena Hincapié, directora ejecutiva del Centro Nacional para Leyes de Inmigración.

Además de una vía a la legalización y eventual ciudadanía para los indocumentados, la medida aprobada en el Senado incluye reforzar la vigilancia de la frontera con México, y agilizar y ampliar los procesos de concesión de visas a trabajadores extranjeros.

Durante las últimas semanas, el debate migratorio se ha visto eclipsado por la polémica desatada tras los comentarios del representante republicano por Iowa, Steve King, quien acusó a la gran mayoría de jóvenes indocumentados de ser traficantes de drogas.

Las palabras de King, aupado por el movimiento conservador “Tea Party”, despertaron el rechazo generalizado de la comunidad inmigrante y de los demócratas, así como de varios de sus colegas republicanos, quienes le reprocharon unos comentarios que, a su juicio, poco ayudan a mantener un debate “serio y razonado”.