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El maquinista, su amigo Francisco José Garzón Amo, se presentó ayer miércoles voluntariamente en el juzgado de instrucción número tres de Santiago para explicar que no estaba hablando por teléfono en el momento en que el convoy se salió de la vía el pasado 24 de julio, sino que había colgado segundos antes.

Durante su declaración ante el juez se escuchó la grabación entre él y la central, en la que Garzón se lamenta: “Me cago en diez, pobres viajeros, joder. ¡Ay Dios mío! Fue en la curva que me despisté y tenía que ir a 80 (…) Todos los muertos caerán sobre mi conciencia”.

Interventor experto y padre de dos hijos

Martín Marugán, sexagenario y padre de dos hijos, ha justificado la omisión de este dato en su declaración policial: “Estaba muy aturdido. Mi cabeza estaba llena de imágenes terribles. No era trascendental para el accidente. En ningún momento quise ocultar la conversación, y estoy convencido de que Garzón tampoco”. Lo dice porque Garzón Amo no la mencionó al prestar testimonio el pasado domingo ante el juez instructor Luis Aláez.

De Garzón cuenta Marugán que han “viajado juntos” muchas veces, que se conocían incluso desde antes de que el primero se convirtiese en maquinista, y que estos días no ha hablado con él directamente pero sabe que “está hundido”.

Al ser preguntado Marugán por si la distracción a la que se ha referido el conductor ante el juez para intentar explicar el accidente pudo deberse a esta llamada, al producirse la misma cuando Garzón Amo tendría que haber frenado, Martín Marugán ha manifestado que los maquinistas “no necesitan las dos manos y los dos pies” para pilotar un vehículo de estas características, sino que “puede descolgar” el teléfono y seguir conduciendo, de modo que esa no es la causa. De hecho, Marugán sostiene que él con el maquinista habla “para cualquier cosa”.

Cómo entrar en Ferrol

Sobre la conversación que tuvieron, dice Marugán que le preguntó a Garzón únicamente si al llegar a Pontedeume, localidad situada a unos 15 kilómetros del destino final, Ferrol, podía entrar por la vía más próxima a la estación, para facilitar la bajada de una familia que viajaba con hijos.

La respuesta de Garzón fue afirmativa, y entonces el interventor le habría contestado que no se preocupase, que él llamaba a quien correspondía para que lo autorizasen a tomar esa vía y no la otra que existe. “Solo quería mejorar el servicio de los pasajeros. Hice esto, como siempre, para dar el mejor servicio. Quería saber si el Alvia cabía”, razona Martín Marugán desde su domicilio. Este interventor viajaba en el Alvia, en el vagón 3, asiento 2 B, acompañado por el vigilante de seguridad, Celso Cástor González Conde, de Prosegur.

Según informa el Tribunal Superior de Justicia de Galicia, Garzón Amo, acompañado de su letrada, ha identificado este miércoles ante el juez instructor del caso, Luis Aláez, al autor de la llamada recibida minutos antes de la tragedia, el interventor que viajaba a bordo, Antonio Martín Marugán.

Fuentes próximas a la investigación han detallado que esta comunicación, que duró dos minutos y de cuya existencia se supo con el desprecinto y volcado de las cajas negras, se efectuó instantes antes del impacto y entre teléfonos corporativos. El de Garzón Amo se extravió tras el siniestro.

El tráfico de llamadas, recibido por la policía y entregado al juez, resultaba crucial para el instructor, Luis Aláez, que ordenó un rastreo al conocer la pérdida del teléfono profesional del conductor.