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Beitz, que falleció ayer, era una de las principales personalidades de la industria alemana de posguerra y encabezaba desde 1968 el patronato de la Fundación Krupp, que posee el 25,3% del grupo y es su principal accionista.

La empresa y los principales partidos políticos del país recordaron hoy la larga trayectoria del industrial y su “valor” durante la II Guerra Mundial.

Beitz, que habría cumplido 100 años en septiembre, consiguió junto a su mujer Else salvar la vida de centenares de judíos en la Polonia ocupada al reclamarlos para trabajar en la fábrica en la que entonces estaba empleado.

Fue en los años cincuenta cuando llegó a Krupp y se convirtió en la mano derecha de Alfried Krupp von Bohlen und Halbach, propietario de la compañía.

Durante décadas dirigió la empresa, que protagonizó en los noventa la mayor fusión industrial en Alemania desde la guerra al unirse con Thyssen.

Entre 1972 y 1988 Beitz fue miembro del Comité Olímpico Internacional, ocupando la vicepresidencia durante cuatro años.

“Con la muerte de Berthold Beitz Alemania pierde una eminencia del mundo empresarial y un gran ser humano”, subrayó en un comunicado el vicecanciller y ministro de Economía, Philipp Rösler.

Beitz, añadió Rösler, forjó en Alemania la economía social de mercado y fue durante muchas décadas un “importante consejero” de los gobiernos federales.

El cabeza de lista socialdemócrata, Peer Steinbrück, elogió por su parte la capacidad de Beitz de compaginar la responsabilidad de liderar una de las principales empresas del país con el compromiso social.

ThyssenKrupp cuenta con más de 180.000 trabajadores, la mayoría fuera de Alemania, y trabaja en cinco divisiones: acero, acero inoxidable, automoción y tecnología, ascensores y servicios.