jueves, 1 octubre 2020 21:42

El Gobierno luso se somete a una moción de confianza mientras busca consensos

La moción de confianza fue exigida el pasado 21 de julio por el presidente portugués, Aníbal Cavaco Silva, al confirmar la continuación del Gobierno conservador tras diecinueve días de crisis política que puso al país en el punto de mira de los mercados financieros.

La alianza parlamentaria de socialdemócratas (PSD) y democristianos del Centro Democrático Social-Partido Popular (CDS-PP) estuvo cerca de la ruptura a principios de julio, pero espera acabar el mes con una votación parlamentaria que simbolice y reafirme su cohesión.

El refrendo parlamentario debe cerrar, además, el curso legislativo de este año marcado por la aprobación de severas reformas económicas, que han suscitado críticas dentro y fuera del Parlamento.

Fuentes de la coalición gubernamental han confirmado el apoyo de los dos partidos a la moción de confianza, mientras que los socialistas y el resto de partidos de izquierdas tienen previsto rechazarla.

La oposición en pleno apoyó el pasado 18 de julio la última de las cinco mociones de censura presentadas durante esta legislatura, que fue propuesta en plena crisis de Gobierno y rechazada también por la mayoría conservadora.

A pesar de la crispación política del último mes, el Ejecutivo pidió, en el texto de la moción, “dejar de lado las diferencias” entre partidos y buscar la unión nacional para reforzar la posición de Portugal con el fin de encarar el plan de ajustes exigido por el rescate financiero.

El ambiente político, sin embargo, está aún lejos de aplacar a la oposición, que ha censurado al unísono al Ejecutivo luso por considerarlo deslegitimado y sin credibilidad.

En la calle, los sindicatos portugueses volvieron hoy a protestar a las puertas del Parlamento contra dos votaciones, en manos de la mayoría absoluta, para reformar la función pública.

Esta norma legal aumenta el horario de los trabajadores del Estado, de 35 a 40 horas por semana, y abre el camino a la reducción de la plantilla de funcionarios.

Estas medidas forman parte de las compromisos del programa de asistencia financiera acordado entre Portugal, la UE y el Fondo Monetario Internacional en 2011 para recortar el gasto público.

Las políticas de austeridad estuvieron también en el origen de la crisis que se inició el 2 de julio por la dimisión del socio minoritario y líder del CDS-PP, Paulo Portas, como ministro de Exteriores.

Las disensiones se cerraron con un nuevo acuerdo de Gobierno, pero el jefe de Estado, del mismo partido que el primer ministro Pedro Passos Coelho, el PSD, de centroderecha, optó por dejarlo en suspenso y pedir un pacto de “salvación nacional” que incluyese a los socialistas.

El acuerdo buscaba garantizar la estabilidad política y el cumplimiento del rescate financiero hasta su fin, en junio de 2014, pero fracasó por las discrepancias en asuntos clave como la reforma del Estado que prepara el PSD para recortar 4.700 millones de euros en gastos.

Ante el fallido intento de pacto, Cavaco Silva aceptó la alianza conservadora renovada y acabó por aprobar la mayor remodelación ministerial de Passos Coelho, en la que su socio Portas pasó a ser viceprimer ministro y otros cinco miembros del Ejecutivo fueron sustituidos o cambiaron de cartera.