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De joven quiso ser torero, y aunque ni siquiera llegó a tomar la alternativa ya le llamaban “Morenito de León”. También le gusta pintar pero, especialmente ahora que está prejubilado, su principal afición es difundir el “invento” de su antepasado y que no se pierda la tradición.

Asegura que hasta que se le ocurrió a él, nunca nadie antes había organizado un campeonato de chinos y lo hizo por primera vez en 1987 en Madrid. Desde entonces, ha llevado el concurso por otros lugares: Bilbao, Islas Canarias, Salamanca… y también a su pueblo, Bercianos del Real Camino, donde el día de la fiesta, en septiembre, algún que otro año ha organizado un campeonato.

Sin embargo, la crisis pasa factura también a este juego y cada vez escasean más las competiciones. Ni siquiera sabe si este año repetirá en su pueblo. Los patrocinadores “se echan para atrás”, y aunque el campeonato de Madrid lo sigue organizando, sus salidas fuera de la capital de España son cada vez menores, porque no quiere ganar dinero, “pero tampoco perder”, afirma.

Aún así, trata de mantener vivo el juego que sostiene “inventó” su tatarabuelo, Felipe Valdeón, “entre 1747 y 1787”, no sabe con exactitud, en los campos de Bercianos.

Por lo visto, su antepasado empezó a jugar en su pueblo mientras estaba con las ovejas junto con otros pastores. “Cogían tres piedras y así mataban el tiempo mientras estaban con el ganado”, afirma.

El hecho de que el Camino de Santiago pasara por Bercianos hizo que el juego se extendiera a través de los peregrinos que pasaban; además la práctica de la trashumancia con el ganado también contribuyó a ello, defiende.

Está convencido de que su tatarabuelo inventó el juego y, ni siquiera se plantea la posibilidad, de que alguien pueda llegar y decirle lo contrario. “Es imposible; fue mi tatarabuelo”.

Aunque no hay nada escrito, su abuela materna, Arteria, le explicó cuando era pequeño el “invento” de su antepasado; aunque al principio no lo dio importancia, ya de mayor empezó a darle vueltas al asunto hasta que se convenció de que esta práctica la tenía que continuar y difundir.

Dicho y hecho, este leonés, que con 21 años abandonó su pueblo, y se fue a vivir a Madrid, desde hace 27 años, sigue organizando un campeonato de chinos anual en la capital de España, el último el pasado mes de junio en el restaurante Melgar.

Antaño la afición era mucho mayor, comenta. Allá por los años 70, “las barras americanas y las señoritas de alterne se jugaban con los clientes a los chinos la consumición, y de ahí cogió fama”.

Según dice, las “señoritas que frecuentaban estos club eran unas grandes jugadoras de chinos”. En estos lugares “había luz tenue, jugaban detrás de la barra, dejaban caer las monedas detrás del mostrador y el cliente que iba un poco ligero de cascos pues solía perder”.

Juan José, que ahora tiene 63 años, incluso ha escrito un reglamento para que sirva de base en el concurso y “no se juegue así sin más”.

Los “chinos” es un juego que requiere “mucha habilidad” y, aunque parezca que su resultado depende más bien de la suerte, hay otros factores que influyen, incluso más. “Está demostrado”, afirma.

Astucia, memoria y mucha psicología son las claves de éxito en este juego, que de vez en cuando lo usan especialmente los jóvenes para jugarse las consumiciones.

Belén Molleda.