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Las negociaciones de esta sexta ronda se desarrollan con total secretismo, ya que las fuentes marroquíes se han negado a ofrecer el más mínimo detalle sobre su transcurso, fieles a su costumbre de no pronunciarse mientras duran las negociaciones.

Una buena señal parece el hecho de que en el primer día las negociaciones hayan durado varias horas, lo que indica que se está invirtiendo el tiempo en cuestiones sustanciales.

Por su parte, fuentes europeas que pidieron el anonimato se limitaron a mostrar su optimismo sobre el avance registrado en la discusión de cuestiones que antes entorpecían las negociaciones, concretamente relacionadas con los aspectos financieros y políticos.

El aspecto económico, que durante meses ha bloqueado las negociaciones por lo alejado de las posturas, parece haberse allanado con una mejora de la contraprestación en el último acuerdo, que era de 36,1 millones de euros.

La Comisión, que en un primer momento se mostró reacia a subir de los 25 millones, parece que podría desembolsar ahora hasta 40 millones anuales (aunque al menos un tercio lo pondrían los armadores en el pago de licencias), debido a que Rabat se muestra dispuesto a ofrecer más capturas.

El aspecto político fue otro punto de desavenencias: los negociadores europeos exigen que los beneficios obtenidos en las aguas del caladero saharaui lleguen a su población, algo que ha sido rechazado por Marruecos, principalmente porque se niega a hacer cualquier distinción entre provincias saharauis y marroquíes.

Por otra parte, varios países (sobre todo nórdicos: Holanda, Dinamarca, Suecia y Alemania) insistieron en incluir una “cláusula de derechos humanos” en el protocolo, un punto que irrita también a Marruecos, que objeta que esas garantías ya están incluidas en otros convenios internacionales firmados por el país.

El anterior acuerdo, que daba 119 permisos de pesca en el caladero marroquí para los barcos comunitarios (mayormente españoles), fue firmado en 2007 después de ocho años de ausencia de barcos europeos en las aguas del país magrebí.

En caso de que se logre firmar un nuevo acuerdo pesquero, queda por definir la posibilidad de que su aplicación sea inmediata para que los navíos puedan salir a faenar -como desea el sector pesquero español- o si hay que esperar hasta que termine el largo proceso de ratificación, que puede durar varios meses.

Marruecos se muestra reticente a la aplicación inmediata del acuerdo al no querer repetir la misma experiencia del anterior protocolo, que aunque expiró en febrero de 2011 los barcos siguieron faenando en aguas marroquíes con la espera de su renovación, pero chocó con el veto en diciembre del mismo año del Parlamento Europeo.

Esta institución europea justificó entonces la medida por ser un acuerdo caro y perjudicial en términos ecológicos, al tiempo que dudó de su legalidad al incluir las aguas del Sáhara Occidental y no beneficiar a su población.

Varios observadores consideraron también como un buen indicador el hecho de que esta ronda coincida con el cuarto y último día de la visita oficial del rey Juan Carlos I a Marruecos, y que precisamente los dos países hayan firmado hoy un acuerdo en el que piden “avanzar hacia un nuevo acuerdo de pesca lo antes posible”.

Por su parte, el vicepresidente de la Federación Marroquí de Pesca y Acuicultura (FMPA), Yusef Benjeloun, insistió en el “cúmulo de intereses” entre Marruecos y la UE, y añadió que la firma de un nuevo convenio de pesca con la UE “con licencias bien estudiadas” no va a afectar los intereses de los armadores marroquíes.

Benjeloun subrayó a Efe la “mejoría” del sector pesquero marroquí, que atribuye a la estrategia “Plan Halieutis”, que tiene como objetivo convertir el sector pesquero en un motor de la economía nacional.

Como profesionales, “miramos con lupa el protocolo de pesca para que el Halieutis no sea afectado”, recordó.

Fatima Zohra Bouaziz