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Esta madrileña de apariencia física frágil pero valor de acero, lleva un año tratando de superar los malos recuerdos del cautiverio que pasó en algún lugar del norte de Mali, donde estuvo secuestrada junto a otros dos compañeros, también cooperantes: el mallorquín Enric Gonyalons y la italiana Rossella Urru.

Los tres trabajaban en proyectos de cooperación en un campo de refugiados saharauis de Tinduf (Argelia), cuando la noche del 23 de octubre de 2011 fueron secuestrados por el grupo salafista Movimiento Unicidad y Yihad en África del Oeste (MUYAO), una rama de Al Qaeda para el Magreb Islámico (AQMI).

Ainhoa fue sacada del campamento a rastras por sus secuestradores, que la subieron por la fuerza a un camión. Ahí empezaron nueves meses de cautiverio que finalizaron el 18 de julio de 2012, con la puesta en libertad de la joven madrileña y de sus compañeros, en algún lugar de África que no fue revelado.

A día de hoy la cooperante permanece de baja, sigue recibiendo ayuda psicológica para superar aquella mala experiencia y se muestra reacia a hablar sobre el tiempo que pasó cautiva, sin saber qué sería de ella ni de sus compañeros.

“Sigo de médicos, recuperando masa muscular, tengo una hernia de hiato y alguna molestia en la espalda. Nada con lo que no se pueda vivir. Las lesiones en la espalda son lo que más me está costando, pero puedo caminar sin bastón y es probable que ya no tenga que hacer rehabilitación”, ha comentado a Efe esta joven que, a pesar de todo, asegura llevar “una vida normal”.

También dice que le “queda algún bichito” en el estómago, alguna bacteria resultado de la alimentación que ingirió durante el secuestro porque, según afirma, los secuestradores les daban de comer: “lo mismo siempre, pero comer, comíamos”.

Sin embargo, durante el secuestro esta mujer perdió 14 kilos y aún le faltan “tres o cuatro” por recuperar para volver a su peso anterior.

A Ainhoa no le queda sentimiento de miedo, aunque admite que algunas veces se sobresalta cuando oye “ruidos fuertes” pero, en general asegura llevar “una vida normal”.

Dice también que cuando va al cine escoge películas “de mente plana”, que no le hagan “pensar” y afirma que no se “agobia” si alguna noche duerme mal, porque “hay que dar un plazo” al subconsciente para borrar lo que pasó.

“Aquellos recuerdos forman parte de mi vida y me los quedo para mí. No los puedo borrar. Lo que hago es colocarlos en su sitio y ya está, tratando de seguir haciendo la vida que tengo que hacer”, relata la joven a Efe.

Entre sus proyectos figura recuperarse del todo para volver a trabajar de cooperante “in situ” en algún lugar del mundo “más tranquilo” que el Sahara y, “en principio”, donde no haya conflictos ni riesgos de situaciones como la que ella vivió.

Y a más corto plazo, Ainoha prepara su boda, porque en septiembre se casará con un ingeniero al que conoció cuando ambos trabajaban en África, antes de que ella fuera secuestrada.

Asegura que le gustaría trabajar como cooperante en Latinoamérica o Asia, pero que eso sucederá cuando su cuerpo esté preparado para “el aguante” que requiere una tarea así y, mientras tanto, piensa desarrollar su tarea “en sede”, porque también ahí “hay mucho que hacer”.

“Ayudar a los demás es mi forma de entender mi responsabilidad con la sociedad y como yo entiendo la vida”, afirma esta joven que lleva 13 años trabajando en proyectos de ONGs en países como Malaui, Camerún o Ecuador y que estudió Derecho porque era “la carrera que servía para ser cooperante”, que es “la idea” que siempre tuvo.

A sus compañeros de secuestro no les ha vuelto a ver, aunque sabe que también tienen secuelas y que siguen un proceso de recuperación “normal, ni mejor ni peor” que el suyo.

Ainhoa tampoco ha regresado al campamento de Tinduf donde fue secuestrada, pero “de vez en cuando” habla con los amigos que dejó allí y confiesa, bromeando, que le gustaría hacerles “una visitilla, algún día”, al menos para poder despedirse de ellos “en condiciones” porque tuvo que marcharse “un poco rápido, como quien dice”.

Y mientras, en algún lugar de África continúan secuestradas desde hace ya casi dos años las cooperantes españolas Montserrat Serra y Balcna Thiebaust, que fueron capturadas en un campamento de Kenia cercano a la frontera de Somalia, donde se sospecha que siguen retenidas.

Por Paloma San Segundo.