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La totalidad de estos efectivos fueron expulsados de las fuerzas armadas, informó el presidente del MAD, Ulrich Birkenheier, en declaraciones a la radio pública Deutschlandfunk, tras afirmar que “en el ejército alemán no hay lugar para el extremismo”.

Las explicaciones del MAD -uno de los tres brazos de los servicios secretos alemanes, junto a los de Interior y los de Exterior- siguen a las informaciones acerca de una supuesta creciente presencia en las fuerzas armadas de ultraderechistas.

El gobierno de Angela Merkel decidió en 2011 la suspensión del servicio militar obligatorio, en aras de una reforma de las fuerzas armadas y una reducción paulatina de sus efectivos, de los 240.000 de entonces a un máximo de 185.000.

Con ello se rompió lo que había sido un principio rector desde la instauración del servicio militar obligatorio, en 1957, según el cual las fuerzas armadas debían estar ancladas en la sociedad y tener en su seno a todos los estamentos.

Con la profesionalización se temía que se enrolaran de modo preferente radicales de una u otra tendencia, por lo que el MAD se comprometió a extremar la vigilancia de esos efectivos.

La efectividad del espionaje militar alemán había quedado además en entredicho al revelarse que, en los años 90, trató de captar para el servicio a un destacado neonazi, Uwe Mundlos, que años después integró la célula Clandestinidad Nacionalsocialista (NSU).

Este grupo asesinó entre 2000 y 2007 a nueve inmigrantes -ocho turcos y un griego-, así como a una agente policial, crímenes por los cuales se está juzgando en Múnich a su única superviviente, Beate Zschäpe.

Mundlos y el otro miembro del terceto, Uwe Böhnhardt, se suicidaron en una furgoneta. acorralados por la policía tras atracar un banco, lo que sacó a la luz la existencia del grupo.