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Según el jurista español, son ellas quienes “han tenido que enfrentar una vez más el dolor que su evocación inevitablemente conlleva y por fin han sido escuchadas donde debieron serlo desde el principio: ante un tribunal de justicia”.

En un artículo de opinión publicado hoy por el diario mexicano El Universal y titulado “Guatemala ante el espejo”, Castresana sostiene que en ese país, que padeció una intensa guerra civil, “no basta con firmar la paz”, sino que “hay que construir una sociedad nueva que aprenda a dirimir pacíficamente sus controversias con las herramientas del Estado de Derecho”.

El también fiscal del Tribunal Supremo español destacó que el juicio contra Ríos Montt, aún abierto, “ha supuesto un ejercicio necesario de justicia”.

“No es verdad, como sostienen ahora algunas personas que negociaron los Acuerdos de Paz de 1996, que el proceso haya vulnerado esos acuerdos”, apuntó Castresana.

El jurista español, quien estuvo al frente de la Cicig desde septiembre de 2007 a junio de 2010, recordó que del pacto por aquella amnistía quedaron “expresamente excluidas las violaciones más graves de los derechos humanos”.

En Guatemala, dijo, existieron “dos modalidades de genocidio”, una que golpea a un grupo humano “en la cabeza”, y que costó la vida a líderes como Manuel Colom Argueta (1932-1979) y Alberto Fuentes Mohr (1927-1979), y otra que lo hace “en el cuerpo”, esto es, con el asesinato “de cuarto de millón de pobladores de las comunidades indígenas”.

“Ese exterminio solo fue posible en el contexto de un racismo muy arraigado en una parte de la sociedad guatemalteca, para la cual los indígenas constituyen una categoría humana inferior”, apuntó.

Por último, criticó la enorme desigualdad que pervive hoy en Guatemala, que actualmente padece una “creciente colonización del territorio por los grupos del crimen organizado locales y transnacionales”.