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El portavoz del Pentágono, George Little, no quiso dar detalles en la rueda de prensa sobre si el secretario de Defensa, Chuck Hagel, ha recomendado al presidente Barack Obama ciertos niveles de tropas residuales en Afganistán para garantizar la estabilidad en el país.

Little tampoco descartó la posibilidad de una retirada total de Afganistán, algo que evaluarán de manera más detallada una vez finalice la última fase de combates en Afganistán, tras más de una década de intervención militar en el país bajo el paraguas de la OTAN.

El portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney, evitó dar cifras y fechas para la toma de esa decisión que Washington debe negociar con las autoridades de Kabul, pero aseguró que la “opción cero (tropas)” sigue siendo un posibilidad, como adelantaban hoy varios medios estadounidenses.

“Todas las opciones son posibles incluida la opción cero (…), no vamos a tomar una decisión inminente, estamos hablando de alrededor de año y medio y hay conversaciones en marcha”, declaró Carney, quien aseguró que Washington mantiene su compromiso con Afganistán.

En febrero, Estados Unidos dijo a los ministros de Defensa de la OTAN que la Alianza Atlántica debería mantener entre 8.000 y 12.000 soldados en el país centroasiático, una vez finalizada la misión de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF).

Ese mismo mes la Casa Blanca estudiaba mantener en suelo afgano entre 3.000 y 9.000 soldados, principalmente para operaciones antiterroristas y dar capacitación a las tropas locales, aunque Obama aún no parece haber tomado una decisión.

La transferencia de la seguridad por parte de la ISAF ya está en marcha, y en junio el Gobierno del presidente afgano Hamid Karzai escenificó con el comandante de la misión de la ISAF, el general estadounidense Joseph Dunford, la transferencia del liderazgo en combate a tropas afganas.

No obstante, aún la situación de seguridad es muy volátil con frecuentes ataques de milicias extremistas, pese a que representantes talibanes y de Estados Unidos han mostrado su disposición a dialogar, pese a la oposición de Karzai.