martes, 29 septiembre 2020 3:09

'Rapa das Bestas', tradición en que el hombre se mide con caballos salvajes

Los más de 30 grados centígrados a la sombra no hacen desfallecer a los centenares de visitantes, muchos de ellos sin camiseta y convenientemente lubricados que esperaban el inicio del curro o este centenario evento, consistente en desparasitar y cortar las crines de una manada de caballos salvajes.

Enclavado en el municipio de A Estrada, en la provincia de Pontevedra, Sabucedo es sinónimo de la cita anual de los 'aloitadores' o jóvenes, y no tanto, encargados de lidiar con las bestias. Un acontecimiento al que los aficionados acuden bastantes horas antes de que empiece realmente.

Barracas de feria, tenderetes de bebida y comida se concentran en los márgenes del camino por el que pasarán los caballos hacia el curro.

Cuando se acerca la hora, la megafonía del recinto, un anfiteatro de piedra y cemento, recuerda al público que cuando hace calor es preciso beber mucha agua y no exponerse al sol, antes de dar paso al espectáculo de música y baile tradicional gallego, tradicionalmente subido de decibelios.

La celebración alcanza tal proporción y reúne a tanto público que el personal de organización tiene que estar vigilante para que no se le cuelen intrusos en el recinto.

El curro empieza con la llegada de los caballos, que entran levantando una enorme polvareda.

Cuando están suficientemente hacinados, el 'speaker' pide un aplauso y explica las reglas del curro y los orígenes centenarios de la rapa.

De lo que se trata es de cortar las crines a los caballos que durante el año viven libres en el monte. Es un proceso de higiene que comienza separando a los potros de los ejemplares adultos.

En esta primera fase participan los niños, mientras el público aplaude y ríe.

“La rapa es básicamente amor, cariño y respeto por los animales”, dice el locutor, antes de que comience la verdadera faena.

Un grupo de cuatro personas, veinteañeros un par ellos y algo más talludos los otros dos, se abalanzan sobre el primer caballo. Lo separan del grupo, dos agarrándolo de la cabeza y uno del rabo. El animal puede caer o no al suelo, pero queda inmovilizado; es entonces cuando el cuarto hombre saca las tijeras y corta la melena. Aplausos y vítores.

El proceso se repite durante una hora y es arriesgado. Un mal cálculo en el salto puede provocar una caída dolorosa, por no hablar de las coces inoportunas.