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Desde enero hasta la medianoche del pasado viernes Mali permaneció bajo estado de emergencia, que fue levantado para posibilitar la campaña que concluirá dos días antes de los comicios.

La campaña comenzó también apenas 24 horas después del despliegue de los observadores de la Unión Europea para supervisar el escrutinio en las principales ciudades del norte del país, que desde junio de 2012 y hasta la intervención militar francesa del pasado enero permanecieron en manos de grupos salafistas y yihadistas.

Ayer llegó el primer contingente formado por 20 expertos del total de 90 observadores que la UE enviará para supervisar los comicios sobre el terreno.

Para la jornada de hoy están previstos tres grandes mítines en la capital, en tanto que un grupo de candidatos se dirigirá a localidades del interior como Kayes o Mopti.

El gran interrogante en la calle maliense es saber si los candidatos, o al menos una parte de ellos, van a acudir al reencuentro con los electores del norte, principalmente de las ciudades de Gao, Tombuctú y Kidal, ocupadas por los grupos yihadistas y salafistas hasta principios de este año.

El otro debate que acapara la atención es el temor de que los comicios puedan celebrarse en las condiciones propicias.

Hace unos diez días, la Comisión Electoral Nacional Independiente (CENI) puso el dedo sobre lo que calificó insuficiencias que pueden influir en el buen desarrollo del voto, pero las autoridades decidieron mantener la fecha del 28 de julio.

Fuentes políticas manifestaron a Efe que el presidente interino maliense, Dioncunda Traoré, recibirá el martes próximo a los candidatos para una reunión cuyo objetivo no ha sido aún comunicado oficialmente.

Malí atravesó una profunda crisis después del golpe de Estado militar que depuso el 22 de marzo de 2012 al presidente Amadu Tumani Turé.

Grupos tuaregs primero, y luego yihadistas y salafistas, entre ellos Al Qaeda para el Magreb Islámico (AQMI), Monoteísmo y Yihad en África del Oeste (Muyao) y Ansar al Din llevaron a Mali a una situación caótica tras ocupar las principales ciudades del norte, imponiendo a la población local una interpretación rigorista la sharía o Ley Islámica, con amputaciones y castigos corporales.

El pasado 11 de enero y a petición de las autoridades locales, el Ejército francés lanzó la operación Serval que permitió expulsar a los yihadistas y salafistas de las localidades que controlaban.