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La situación es de tranquilidad en los alrededores de la plaza Tahrir, donde ayer se enfrentaron partidarios y detractores del islamista, lo que llevó a las Fuerzas Armadas a desplegar los tanques.

Al menos 17 personas murieron ayer en los disturbios en todo el país, entre las que figuran cuatro que perdieron la vida frente a la sede de la Guardia Republicana, donde los islamistas creen que está retenido Mursi.

En un comunicado difundido en las últimas horas, los Hermanos Musulmanes llamaron a seguir protestando en Egipto para reclamar la restitución de Mursi.

La cofradía reivindicó la vuelta al orden constitucional y la cancelación de todas las decisiones tomadas tras el golpe de Estado perpetrado el miércoles pasado por el Ejército.

Asimismo, exigió la restauración de la Constitución, suspendida temporalmente por las Fuerzas Armadas, y el inicio de un diálogo para reformarla por consenso.

El nuevo presidente interino de Egipto, Adli Mansur, juró el jueves pasado su cargo y ayer emitió su primera declaración constitucional para disolver la Cámara alta del Parlamento, dominada por los islamistas, de acuerdo al poder que se le ha otorgado.

Los Hermanos Musulmanes también pidieron que se castigue a los efectivos de las fuerzas del orden responsables del “asesinato de manifestantes, el arresto de líderes políticos y el cierre de canales de televisión por satélite”.

Entre los últimos dirigentes de los Hermanos Musulmanes arrestados en los últimos días, destaca su “número dos”, Jairat al Shater, que ayer fue detenido por supuestamente haber incitado al asesinato de manifestantes.

Por su parte, el Frente del 30 de Junio, que agrupa a los grupos opositores a Mursi que instigaron las protestas en su contra hace una semana, insistió en la necesidad de seguir defendiendo en las calles hasta el próximo domingo la “independencia nacional”.

De esa forma, quiere “proteger los logros de la revolución de cualquier intento de perjudicarla desde dentro o fuera” del país, en alusión a la reacción de los Hermanos y parte de la comunidad internacional que ha condenado el golpe de Estado.

El Ejército depuso el miércoles pasado a Mursi con el respaldo de líderes religiosos y políticos, y arropado en las calles por los manifestantes que de forma masiva reclamaron la salida del poder de Mursi, elegido democráticamente en junio de 2012.