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“Condenamos la violencia que tuvo lugar hoy en Egipto”, indicó en un comunicado la portavoz del Departamento de Estado, Jennifer Psaki.

La portavoz llamó a “todos los líderes de Egipto a condenar el uso de la fuerza y evitar nuevos actos de violencia entre sus seguidores”.

Los choques entre partidarios y detractores del depuesto presidente Mohamed Mursi causaron en todo el país al menos 17 muertos.

Psaki recordó que, como dijo el miércoles el presidente, Barack Obama, EEUU espera que los militares que derrocaron a Mursi “aseguren que los derechos de todos los egipcios están protegidos, incluyendo el derecho de reunión pacífica”.

“El pueblo egipcio debe unirse para resolver sus diferencias pacíficamente, sin recurrir a la violencia o al uso de la fuerza”, comentó la portavoz.

El miércoles, en un comunicado, Obama evitó hablar de golpe de Estado y expresó su preocupación “por la decisión de las Fuerzas Armadas egipcias de destituir al presidente Mursi y suspender la Constitución”.

Obama pidió a los militares que derrocaron a Mursi que devuelvan la autoridad “a un gobierno civil elegido democráticamente” tan pronto como sea posible y ordenó revisar la ayuda que Washington otorga a Egipto, valorada en unos 1.500 millones de dólares anuales.

Por ley, el Gobierno de EEUU está obligado a suspender la ayuda a un país cuyo líder haya salido de un golpe de Estado.

Mientras, el Departamento de Estado ha urgido a los estadounidenses que viven en Egipto a salir de ese país debido a la “inestabilidad política y social permanente”, y les insta “encarecidamente” a evitar cualquier tipo de manifestación.

Hoy ese departamento admitió, además, que el secretario de Estado, John Kerry, estaba en un barco de su propiedad en Nantucket (Massachusetts), donde tiene una residencia vacacional, cuando se produjo el miércoles el derrocamiento de Mursi.

La cadena CBS informó de que Kerry estaba en su barco en ese momento, algo negado en un principio por el Departamento de Estado, lo que ha causado polémica.