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La capital egipcia se despertó ayer con una extraña sensación de resaca. Como tras la final de un derbi, con ganadores y vencidos, un peligroso cóctel de sentimientos extremos de euforia e indignación. Durante toda la noche, miles de personas celebraron en las calles de El Cairo el golpe militar. Con fuegos artificiales y banderas de Egipto, las bocinas de los coches pusieron la banda sonora a una…