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El primer ministro egipcio, Hisham Qandil, ha presentado la dimisión del Ejecutivo al completo al presidente Mohamed Mursi, quien todavía no se ha pronunciado sobre la petición, han informado fuentes gubernamentales. Mientras tanto, miles de manifestantes congregados en diferentes puntos de El Cairo preparan una nueva jornada de manifestaciones masivas en el país, después de que los grupos islamistas hayan llamado a los seguidores de Mursi a salir a la calle.

Los principales aliados de Mursi y los Hermanos Musulmanes instaron durante la noche a que los egipcios se manifiesten para “defender la legitimidad” del presidente, ante el plazo de 48 horas que el Ejército dio ayer a las fuerzas políticas para llegar a un acuerdo que “atienda las demandas del pueblo”, un ultimátum que ya fue rechazado por el mandatario.

Los grupos islamistas tienen previsto sacar a sus bases principalmente en la plaza de la mezquita Rabea al Adauiya, en el barrio de ciudad Naser, y junto a la Universidad de El Cairo, otro de sus feudos tradicionales. Mientras, en la emblemática plaza Tahrir, cientos de personas que han pernoctado en tiendas de campaña han comenzado ya a crear pequeñas marchas por el lugar, a la vez que corean eslóganes contra Mursi y los Hermanos Musulmanes. Los comités populares que se encargan de la seguridad en la plaza mantienen cerrados los accesos de vehículos a Tahrir, en previsión de la gran concentración que el movimiento 'Tamarrud' (Rebelión) ha convocado para esta tarde bajo el nombre 'La manifestación de la insistencia'.

El mismo ambiente de expectación y tranquilidad reina en los alrededores del palacio presidencial de Itihadiya, que también esperan reunir a cientos de miles de personas como ya hicieran el pasado domingo en las manifestaciones más multitudinarias en Egipto desde la revolución contra Hosni Mubarak, en 2011. En las últimas horas ha aumentado el número de tiendas de campaña instaladas en las calles aledañas, varias de las cuales ya han sido cortadas por los comités populares.

Por otro lado, fuentes del Ministerio del Interior han informado a la agencia oficial de noticias Mena de que en las últimas 48 horas las fuerzas de seguridad se han incautado de 208 armas de fuego, cinco granadas y 37 cócteles molotov, además de detener a un número indeterminado de personas.

EL TIEMPO SE LE AGOTA A MURSI

La Presidencia dijo esta madrugada que el comunicado en que el Ejército lanzó su ultimátum “puede causar confusión” y dejó claro que Mursi no fue consultado en su elaboración. En la primera reacción de la institución a la advertencia de la cúpula castrense, la Presidencia señaló que Mursi no revisó el mensaje de las Fuerzas Armadas antes de que éste se hiciera público. Reiteró además que “sigue adelante en el camino previsto para llevar a cabo una profunda reconciliación nacional, en respuesta a las aspiraciones del gran pueblo egipcio e independientemente de cualquier declaración que profundice la división entre ciudadanos”.

Algo que no parece fácil, sobre todo teniendo en cuenta la dimisión del ministro egipcio de Relaciones Exteriores, Mohamed Kamel Amr, el miembro más importante del gabinete que abandona el Gobierno tras la renuncia ayer de otros cuatro ministros, entre ellos el de Turismo.

Los problemas se le acumulan de esta forma a Mursi, quien ha recibido hoy un nuevo varapalo judicial después de que el Tribunal de Casación egipcio haya emitido un fallo definitivo que invalida el nombramiento de Talaat Ibrahim como actual fiscal general y obliga a restituir al anterior, Abdelmeguid Mahmud, en su cargo.

TODOS MIRAN A LOS MILITARES

El jefe del Ejército, Al Sisi, dio ayer un ultimátum de 48 horas a los políticos para satisfacer las demandas del pueblo egipcio, después de las multitudinarias manifestaciones del pasado domingo para exigir la dimisión de Mursi. Al Sisi recordó que “el Ejército dio a todas las fuerzas políticas un plazo de una semana para que alcanzaran un acuerdo para salir de la crisis (…) habiendo pasado este periodo sin ningún gesto o acto (por parte de las mismas)”. “Esto ha llevado a la salida (a las calles) y a la insistencia de la población por conseguir la libertad total, lo que ha conseguido la admiración y el interés a nivel interno, regional e internacional”, destacó.

Al Sisi consideró que “la pérdida de más tiempo solo traerá más división y luchas”, alertando de que “la seguridad nacional está en grave riesgo a causa de los acontecimientos que están teniendo lugar”, por lo que “el Ejército, en base a sus responsabilidades, ha de hacerle frente”. Por ello, “en caso de que las demandas de la población no se vean satisfechas en este periodo, será tarea del Ejército anunciar una 'hoja de ruta' para el futuro, en la que participarán todas las facciones políticas del país, incluyendo la juventud egipcia”. No obstante, aclaró que “las Fuerzas Armadas no se verán involucradas en la política ni en la administración, ya que están satisfechas con su papel tal y como está recogido por las normas democráticas”.

Hace un año, la plaza Tahrir era escenario de la celebración por el triunfo de Mursi en las primeras elecciones democráticas tras la caída de Mubarak. Ahora, sumidos en el descontento, los manifestantes han vuelto su mirada al Ejército como garante de la estabilidad en un país que sigue sin encontrar la fórmula de una democracia que satisfaga a todos.