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La huelga fue convocada por el Movimiento Unión Brasil Camionero (MUBC), uno de los sindicatos del sector, que se sumó así a las protestas que desde hace tres semanas se registran en Brasil.

En una nota divulgada hoy, el MUBC instó a sus afiliados a “mantener la protesta” hasta el jueves.

“Serán 72 horas de movilización”, por lo que “recomendamos a todos a no programar viajes para ese período, de manera de reducir el número de vehículos de carga en las carreteras, pero sin causar trastornos a los ciudadanos”, dice el comunicado.

El bloqueo en Sao Paulo, donde el pasado 10 de junio un alza de los precios del transporte público desató la ola de protestas que se amplió luego por todo el país, comenzó a primera hora de hoy y su primera y única consecuencia fue un enorme atasco de tráfico.

El comunicado del MUBC insta a sus afiliados a “dar un apoyo inmediato a las manifestaciones populares que se registran en el país” y a “exigir al Gobierno que mejore la situación del transporte de cargas en el país”.

En ese sentido, el sindicato exige “subsidios para el diesel para abaratar los precios de los alimentos y todos los productos”, la eliminación de los peajes para los camioneros y una fiscalización mayor de los conductores que trabajan sin las debidas licencias.

La convocatoria del MUBC tuvo eco en Sao Paulo y en algunas regiones del Estado de Minas Gerais, donde varias carreteras también fueron bloqueadas por camioneros.

La huelga de este estratégico sector ha sido convocada cuando las masivas protestas que tomaron las calles de Brasil durante las tres últimas semanas comenzaban a perder fuerza.

Este domingo, aunque los organizadores esperaban unas 20.000 personas, sólo 8.000 participaron en dos protestas distintas convocadas en Río de Janeiro, en el marco de la final de la Copa Confederaciones de fútbol, en la que Brasil venció por 3-0 a España.

Las protestas eran contra el gasto público en el torneo de la FIFA y la previsión de asistentes llevó a la policía a desplegar una operación de seguridad sin precedentes en la ciudad.

La primera protesta fue pacífica, pero en la segunda irrumpieron unos pocos grupos violentos, que se enfrentaron a la policía en las afueras del estadio Maracaná.

Las masivas manifestaciones, que tuvieron su momento de mayor efervescencia hace días, llegaron a movilizar a 1,2 millones de personas de un centenar de ciudades en una única jornada y han erosionado el respaldo al Gobierno de la presidenta Dilma Rousseff.

Según una encuesta divulgada este sábado, el apoyo a la gestión de Rousseff cayó del 57 por ciento que recibía el pasado 8 de junio, antes de que comenzaran las protestas, al 30 por ciento, y su posible reelección el año próximo ha comenzado a estar en duda.

En su programa semanal de radio, Rousseff reiteró hoy su propósito de dar “respuestas rápidas y concretas” a las protestas.

El Gobierno brasileño “trabaja para dar respuestas y soluciones rápidas y concretas a los problemas de la economía, el transporte, la salud, la educación y también la política”, dijo.

Insistió en que su Gobierno acelerará la ejecución de proyectos de movilidad urbana ya aprobados pero atrasados, que insistirá en la contratación de médicos extranjeros para mejorar la atención en la red de salud pública y que se reforzará el combate contra la corrupción.

También indicó que “en los próximos días” enviará al Congreso una solicitud para que se convoque un plebiscito, mediante el cual se consultará a la sociedad sobre el contenido de una reforma política que las manifestaciones exigen y que está paralizada desde hace unos quince años en las cámaras.