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Los ladrones accedieron a la sucursal bancaria a través de una casa abandonada en la que cavaron un hoyo de 60 centímetros para entrar a un salón de fiestas desde el que abrieron un segundo boquete, del mismo tamaño, por el que pretendían llegar a la caja fuerte.

Sin embargo, los rateros fallaron por dos metros en su cálculo y acabaron en la zona de los baños.

Al darse cuenta de su error, los cacos desistieron de su intento de saquear la caja fuerte y huyeron.

Según los responsables de la entidad de crédito, el banco no sufrió ningún robo.
Tanto la entidad bancaria como los propietarios del salón de fiestas, también agujereado, presentaron una denuncia ante las autoridades públicas.