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“La comunidad científica no tiene ninguna duda de que el cambio climático existe. Las evidencias son apabullantes”. El rotundo anuncio es del profesor José Manuel Moreno, de la Universidad de Castilla-La Mancha. Y responde a las crecientes discrepancias sobre si, efectivamente, el calentamiento global es una realidad. “Es una realidad y, además, es responsabilidad del hombre en más de un 90%”, añade el profesor García Novo, de la Universidad de Sevilla.

José María Baldasano, del Centro Nacional de Supercomputación de Barcelona, aclara aún más el asunto. “El problema es que el cambio climático es una cuestión que ha dado el salto desde la esfera puramente científica, a la política y social. Y ahí entran en juego muchos más intereses”, afirma.

Además, y según explica el profesor García Novo, “el calentamiento es infrenable. Ya no podemos enfriar el planeta. Regresar al clima de hace 30 años es ya imposible, aunque hubiéramos cortado todas las emisiones en el año 2000”. ¿Objetivo? “La idea es controlarlo, desacelerarlo, y lograr que la tasa de emisión sea similar a la de los años 90. Eso sería un logro”, concluye. 

Discrepancias sobre cómo afrontarlo 

El consenso que muestra la comunidad científica al afirmar que sí existe un calentamiento global, se agrieta al plantear qué debemos hacer para evitarlo. Según William Briggs, de la Universidad de Michigan, “Es pronto para adoptar leyes contra el cambio climático o para que los gobiernos tomen medidas concretas”.

En total desacuerdo se muestra el profesor Moreno, para quien la mayor la evidencia de que sí es necesario es que “todos los gobiernos del mundo ya se ha puesto de acuerdo en luchar contra el calentamiento”.

El IPCC ya lo advirtió en 1990

El IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático) evalúa la situación climática mundial y realiza informes al respecto. El último, este año, cuyas conclusiones serán presentadas mañana y pasado mañana en la Fundación Ramón Areces de Madrid.

Este organismo alertó, en su primer informe de 1990, sobre el riesgo que las actividades humanas tenían sobre un posible calentamiento del planeta.