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Estas son las conclusiones de unas jornadas celebradas en el Hospital del Valle de Hebrón de Barcelona, donde se ha abogado por potenciar la sensibilidad social, mejorar la formación y aumentar los recursos.

La ponencias han evidenciado que los ancianos son el segmento de población más olvidado de la actual sociedad desarrollada, ya que sus problemas no ocupan un lugar prioritario en la agenda política y social, según ha explicado en rueda de prensa su director, Joan Creixell.

A lo largo de los dos días que han durado las jornadas, los diversos expertos han manejado datos de varios estudios internacionales que revelan que el 5% de los ancianos de los países desarrollados sufren malos tratos, si bien en algunos países el porcentaje se reduce hasta el 3% y en otros aumenta hasta el 15%.

No todo son agresiones físicas

A la hora de catalogar qué se entiende por malos tratos, Creixell ha explicado que más allá de la agresión física, que ocupa el último lugar cuantitativo de los casos de los que se tiene constancia, también se dan situaciones de abandono, de descuido institucional o de maltrato psíquico.

Creixell ha subrayado que el acceso de la mujer al mercado laboral en los países desarrollados ha provocado que cada vez haya más dificultades en las familias para cuidar de los ancianos, tarea que tradicionalmente recaía en las mujeres y que ahora el estado del bienestar no puede asumir en plenas condiciones.

También existen casos de maltrato institucional, que según Creixell son aquellos en los que los ancianos no reciben un trato digno en los hospitales o residencias.

Ha puesto como ejemplo de esta situación las conversaciones entre los médicos y los familiares en presencia del anciano sin que se le tenga en cuenta, que se les tutee o que a veces se trate a los mayores con la misma condescendencia que a los niños, con golpecitos paternales en la cara.

Asimismo, ha advertido de que pese a que los estudios cifran en un 5% el número de malos tratos, por cada caso que se detecta y se denuncia hay otros catorce que pasan inadvertidos.

"Es evidente que los malos tratos a los ancianos son un problema que existe y del que sólo vemos la punta del iceberg", ha advertido Creixell, que también ha subrayado que muchos ancianos no se atreven a denunciar su situación ya que en muchas ocasiones dependen para su subsistencia de quien no les trata bien.

La solución: sensibilidad, formación y recursos 

Para evitar esta situación, se ha abogado por aumentar la sensibilidad social sobre la necesidad de cuidar más de nuestros ancianos, mejorar la formación profesional del personal que está en contacto permanente con los mayores y aumentar los recursos que las administraciones destinan a políticas sociales.

No obstante, como ha recalcado Creixell, los datos tampoco invitan al optimismo, ya que en Suiza, uno de los países punteros en el Estado del Bienestar, un 80% de los ancianos pide morir en su casa con dignidad y sólo el 14% lo logra.