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La desarticulación de la red, que vendía el cobre robado a China y Alemania, se ha llevado a cabo mediante la operación 'Chapi', iniciada a principio de año a raíz de varios robos de cable de cobre en la provincia abulense. Los detenidos operaban en Andalucía, Aragón, Castilla La Mancha, Castilla y León, Madrid, Murcia y la Comunidad Valenciana.

El arresto de estas personas, como supuestas autoras de varios delitos contra el patrimonio y la imputación de otra más por un delito de receptación, ha conllevado además la intervención de 120 toneladas de cobre robado y más de quinientas herramientas y maquinaria, entre ellas radiales, generadores, soldadores y percutores, con un gran valor aún por determinar.

La organización se estructuraba en un grupo dedicado al robo de cobre y otro a la receptación del material, y los autores materiales de la sustracción del cobre componían un grupo jerarquizado compuesto íntegramente por personas de origen rumano.

Repartidos por España 

De los grupos en los que se dividía la organización, uno contaba con sede principal en Madrid e infraestructura en Alicante, estaba compuesto por veintinueve miembros y se dedicaba sobre todo a las zonas de Alicante, Murcia, Valencia y Castellón.

Un segundo grupo, asentado en Zaragoza, disponía, al menos, de trece miembros y cometía delitos en Zaragoza, Guadalajara y Huesca.
Un tercer conjunto, con sede en Toledo, actuaba en esta ciudad, en Ciudad Real, Albacete y el norte de la comunidad andaluza, mientras que el cuarto, con sede en Madrid e integrado por trece hombres, actuaba principalmente en Castilla y León, en concreto en las provincias de Ávila, Segovia, Soria y Valladolid.

La 'operación' 

La organización recibía información mediante colaboradores que les decían donde podían actuar, tras lo que usaban un vehículo 'lanzadera' para reconocer la zona y, posteriormente, desplazar allí dos o tres coches más y efectuar la sustracción.

Una vez robado el cobre, se dirigían a Madrid, donde entregaban el género a un segundo cabecilla que limpiaba, quemaba el cable y lo vendía a los receptadores, tras lo que el líder de la organización repartía el dinero obtenido siguiendo la jerarquía establecida.
Vendían el cable a un exportador, que se encargaba de venderlo en China y Alemania, ya que los agentes han constatado la venta de más de setecientas toneladas de cobre al segundo país y ochocientas al primero

Dentro de los receptadores se encontraban responsables de empresas de construcción que adquirían herramientas sustraídas por la banda además de facilitarles información sobre lugares donde practicaban los robos.