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Victoria Trabazo, del Centro de Psiquiatría y Psicología Clínica
y Jurídica, puntualiza que el pederasta no sufre una enfermedad
mental, sino "una perversión", y buscan relaciones con menores
porque se sienten "poderosos" y "disfrutan con las situaciones de
abuso y superioridad"
.

Lo más grave de estas personas es que no suelen tener sentimiento
de culpa ni capacidad empática; no entienden el sufrimiento que
ejercen y justifican sus actos, incluso se ven como defensores de
los niños
y no consideran que estén actuando mal, añade esta
doctora.

Cuando la pederastia va unida a otra psicopatía, que es lo que
ocurre en la mayor parte de los casos, "son muy peligrosos" porque
tienen su propia ley, no se rehabilitan, reinciden y, por tanto, la
única solución es "utilizar fármacos que inhiban sus impulsos".

Lo único que se puede hacer con un pederasta que ha cumplido
condena es "modificar las leyes" para someterlas a "un estricto
control"
y a un seguimiento exhaustivo tutelado por un juez.

Asegurar su no reincidencia

El psicólogo y ex Defensor del Menor Javier Urra aboga seriamente
por una reforma normativa para asegurar que el pedófilo "no tendrá
la oportunidad de volver a reincidir".

Sobre el presunto asesino de Mari Luz, lamenta, "se ha dicho que
es un enfermo mental" pero no ha cometido un delito por eso, sino
"porque es un tipo perverso y malvado que ha sido capaz de
falsificar informes médicos, capaz de buscar excusas, capaz de
mentir sobre los abusos de su hija y capaz de esconderse".

Para Urra, "está muy claro que sabe lo que hace, hace lo que
quiere hacer y es corresponsable de sus actos". Por eso, en casos como este -ya había cumplido condena por abusar
de su propia hija-, aboga por una vigilancia penitenciaria, un
localizador personal
y la obligatoriedad de seguir una terapia
psicológica o farmacológica, controlada por un juez.

La voz jurídica

Sólo en las situaciones de especial riesgo de reincidencia, el
portavoz de la Asociación Profesional de la Magistratura (APM),
Antonio García Martínez, propone arbitrar medidas de control y
seguimiento judicial, a través de test periódicos -médicos y
psicológicos- que evalúen su situación, pero no una vigilancia
continua.

Opina que este asunto debe abordarse "sin tintes exagerados
porque es un camino que hay que explorar desde la tranquilidad" por
todos los que tienen que hacer "algún tipo de aportación" y analizar
si es necesario realizar reformas legales para su tratamiento.

Desde Jueces para la Democracia, Jaime Tapia, asegura que "las
penas tienen que tener una terminación", que no se puede establecer
un control indefinido "porque estaríamos imponiendo la cadena
perpetua"
, y plantea romper con los "mitos" de la reincidencia y de
que las condenas más largas son la solución.

También propone abrir un debate social "para ver qué se puede
hacer dentro de las normas constitucionales" con estas personas y no
no es partidario de aplicar tratamientos en contra de la voluntad
del condenado.

Defensor del Menor

El Defensor del Menor en la Comunidad de Madrid, Arturo Canalda,
cree que hay que modificar la ley, endurecer las penas y obligar que
se cumplan íntegramente.

Canalda no duda: "Los pederastas deben ser apartados de la
sociedad" porque "no se rehabilitan" y "reinciden una y otra vez" y
por eso es "imprescindible" que, tras cumplir la pena íntegra,
"tengan un seguimiento psiquiátrico, policial y judicial constante".