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Aunque se lleva celebrando desde hace diez años, está considerada como una fiesta ilegal y egún los medios locales, este año se ha producido la mayor concentración de hippies del continente europeo.

El Ayuntamiento no tenía previsto disolverla, y por ello, se ha reforzado la vigilancia en la zona, con patrullas de la Guardia Civil y la Policía Local, como en años anteriores.

Autobuses con diseños floristas y furgonetas con motivos pacifistas han estacionado estos días en la zona, donde se han instalado aseos improvisados, puestos de bebida y comida, algunos abastecidos con energía solar, y hasta seis carpas equipadas con potentes altavoces para proyectar música de todo tipo.

El excesivo volumen de la música ha propiciado la mayoría de las quejas vecinales, según la Policía Local, que incide en que no se han registrado incidentes destacables.

"10.000 personas pueden dejar mucha basura y mierda durante un fin de semana. Todos los coches, furgonetas y camiones pueden crear atascos largos y bloquear las salidas de emergencia. Tenemos que tener en cuenta los residentes de los pueblos vecinos", indican los organizadores desde su página web.

La fiesta, que este año se ha iniciado dos días antes de lo habitual al coincidir con el puente de Semana Santa, concluye oficialmente este domingo, aunque en ocasiones anteriores se ha prolongado tras el fin de semana.