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¿Tenéis más presión después de la gran acogida de la primera edición?

No, no siento ninguna presión. Era peor con la primera porque no sabíamos cómo lo estábamos haciendo o cómo lo hacían los concursantes. Ahora ya sabemos cómo funciona este mundo, los concursantes dan un juego extraordinario, nosotros sabemos qué hacer para que funcione y estamos muy orgullosos del producto.

Entonces, ¿el éxito está asegurado?

No, el éxito no está asegurado, pero tampoco tengo miedo al fracaso. Sé que todo va a ir rodado. Analizándolo fríamente, sabemos cómo aliñar los ingredientes y en que podemos mejorar, por lo que peor no puede ir [Risas]. Al final cada momento que grabas es un mundo. Es igual que la cocina, en la que cada día haces el mismo plato, pero al final siempre sale diferente. La cocina y la televisión tienen muchos puntos comunes. Queremos ofrecer el mejor producto a nuestro cliente, en este caso a nuestros espectadores.

¿En que nos puede sorprender MasterChef?

Hay unos exteriores que nunca antes se habían visto en toda la televisión, con unos planos increíbles y un gran equipo. Ese es uno de los puntos fuertes de la temporada, aunque nunca podemos olvidar que el éxito es el de los concursantes. Si hay buenos concursantes, que los hay, el público se va a enganchar tanto o más que la temporada anterior. El jurado es el mismo y no vamos a variar. Por ejemplo, yo soy el que soy, no puede cambiar porque no sé hacer otra cosa.

Exteriores de ensueño que hay que pagar. ¿Hay más presupuesto que el año pasado?

No sé cómo va el tema de números. Desde fuera, como lo puede pensar cualquier espectador, diría que sí, pero en la rueda de prensa se dijo lo contrario. Es cierto que hay un nuevo patrocinador cultural, pero ahora podemos hacer mejor las cosas, gracias a la experiencia de la temporada pasada, con el mismo o incluso menos presupuesto que la edición anterior. Pasa como en la cocina. No se come mejor por productos más selecto, sino cuando es un plato bien tratado. Por ejemplo, un cocido sale barato, pero es un plato que puede saber muy bien.

¿Ya habéis asimilado que sois los principales responsables de que la cocina esté de moda? Ahora los niños quieren ser cocineros y no futbolistas…

Yo no sé si estamos haciendo un bien o un mal a la sociedad. [Risas] La verdad que los padres vienen encantados a los castings. Los niños están encantados porque descubren algo que antes no habían visto en televisión. Para los mayores la clave está en acercar la cocina al pueblo llano, a esa población que no iría nunca a un restaurante de 100 euros el menú y no porque no los tenga, sino porque cree que no entendería ese tipo de cocina.

Después de probar con adultos y niños…¿Con quién es más sencillo trabajar?

Es totalmente diferente. Trabajar con niños es muy emotivo. Corren por el plató y dan esas explicaciones tan sanas. Tanto la edición para adultos como para niños son como mis hijos, pero el de niños tiene ese plus que te toca el corazón. Es más complicado también ser juez con los niños, porque no soy capaz de ponerme duro. Tienes que ser juez o profesor, le tienes que decir las cosas que hace mal, pero de una forma en la que no se derrumbe, aunque aun así se derrumban igual. Es como cuando viene mi hijo del fútbol triste porque ha perdido 6-0.

¿Cómo llevas lo de ser un Chef Estrella que ya hasta da las campanadas?

[Risas] Yo no me considero estrella de nada. Mi día a día no cambia, porque todo el día voy corriendo a la cocina, como siempre. Además, siempre digo que mis nietos van a ser los que más disfruten. Ahora mis hijos ahora se tapan la cara porque en el colegio me dicen que como comes o como bailas, pero mis nietos lo verán con otros ojos. Aunque os confieso una cosa, nunca se me pasó por la cabeza que daría las campanadas.

¿Hay más nivel este año?

El nivel siempre va a ser igual. Venga quien venga, siempre un aspirante me va a parecer bastante elemental. Incluso el que mejor cocina, viene al plató y le damos una hora de plazo y se ponen muy nerviosos. Ten en cuanta que cocinan muy bien, pero en un ámbito familiar. Aquí aumentan los nervios y no tenemos que olvidar que son cocineros amateurs, que cocinan con tiempo en casa y relajados. Además, les ponemos cosas que no se les dan bien o no tienen dominadas, con técnicas delicadas y que hay que dominar a base de experiencia.

La forma de probar los platos no la cambias…

No, eso seguro que no. Para mí surgió como algo normal, no estaba preparado. Quizás sea por el atril, aunque tampoco soy como Samantha o Jordi. Yo tengo que probar un trozo importante, con un piquito no me conformo. Tiene que seguir porque ha dado éxito y ya es algo normal.

Además esta edición es más internacional que nunca…

Son todos españoles, pero sí muchos vienen y dejan trabajos en el extranjero por vivir esta experiencia. Entre los concursantes hay una señora de 71 años. Parecía que estaba regañando a mi madre, era tan difícil como explicarle los errores a un niño.

Oye cuéntame cómo fue ese baile con Maribel…

Fue un directo puro y duro. Estábamos promocionando el programa y querían que bailáramos juntos. Yo no he bailado en la vida y me querían poner un paso doble. Le pedí a los Rolling al maestro de orquesta. No sé cómo salió, prefiero que no me lo digan, pero me divertí muchísimo. Si llegan a pedírmelo preparándolo no lo hubiese aceptado.

Nos puedes adelantar algo del programa de esta noche…

Es un programa de casting, o mejor dicho, un macrocasting de 500 personas. Os adelanto que el 50-15 será muy divertido. Es una ronda en la que de 50 aspirantes elegiremos a los 15 seleccionados. Está grabado de una forma muy emotiva y va a sorprender mucho. Cualquier programa, hasta el más malo que hemos hecho [Risas], me ha parecido bueno porque lo hemos hecho nosotros, pero hay tanta gente con tanta calidad dentro, detrás de las cámaras, que por eso es el éxito. Yo no me lo perdería.

Y alguna anécdota de esta edición…

Muchas, no pararíamos de hablar en todo el día. [Risas] Muchos meterán la pata hasta arriba, habrá pelos en la comida, aparecen salsas que son terribles…Me lo ponen muy fácil para meterles caña.