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Mañana fría en Madrid. Salgo del Metro en la Plaza de Tirso de Molina y me encuentro, casi de frente, con el Teatro Nuevo Apolo, donde he quedado con Carlos Sobera para hacerle una entrevista. Allí se presenta cada fin de semana el espectáculo de Los Gabitos que él produce: '¿Cómo están ustedes? 2.0. La aventura musical'. Aunque la excusa que me trae hasta este céntrico lugar es su obra, es inevitable sentir curiosidad por conocer otras facetas de este tipo aparentemente campechano, honesto y simpático, al que casi todo el mundo conoce más por ser quien cada tarde está al otro lado de la pequeña pantalla creando tensión con su movimiento de ceja en 'Atrapa un millón'. Sin embargo, poca gente igual sabe que Carlos Javier Sobera Pardo es, además, actor, jurista y profesor universitario.

Vasco de nacimiento, pero con sangre burgalesa, este 'cid' de la televisión echaba de menos personajes de carne y hueso que atraparan a los pequeños de la casa, como un día lo hicieron con sus padres Fofito, Miliki, Gaby o Chema, Espinete, Ana y compañía. “Ya no hay payasos de la tele, no hay nada. Todos tienden a hacer dibujos animados enlatados”. Por eso, sacó a relucir su faceta menos conocida, la de productor teatral, subiendo al escenario a Los Gabitos (hijos y nietos de Gaby Aragón), que sorprenden con su puesta en escena a familias enteras con canciones de toda la vida como 'Susanita', 'Había una vez el circo' o 'La gallina Turuleca'. El espéctaculo, 100% recomendable, podrá disfrutarse, por cierto, durante todas las navidades en Madrid.

¿Por qué se te ocurre sacar adelante un proyecto como éste 'rescatando' a los payasos de la tele?

Porque me parece que los payasos son personajes muy cercanos a los niños. Son un gran vehículo de comunicación que los chavales reciben con mucha facilidad y que en España están tristemente en peligro de extinción.

¿Cómo convencerías a los padres para que lleven a sus hijos?

Pues diciéndoles que se lo van a pasar genial. Es un espectáculo que presenta canciones de toda la vida que todos recuerdan, con lo
cual, los papás van a recordar su infancia y van a disfrutar un montón. Aparte hay canciones nuevas y modernas compuestas por los propios Gabitos que ponen al público en pie. Yo, como padre, me he tragado muchos espectáculos en los que he pensado: joé, no han pensado en mí para nada. Y en este musical sí se piensa en los padres.

¿Cómo está repercutiendo la subida del IVA cultural en la afluencia de público?

Nosotros intentamos hacer el esfuerzo de que no se note en el precio de la entrada. Eso es lo que dificulta la producción hoy en día.
Como el ambiente es de crisis, y la cosa no está bien, la gente tiende a
ahorrar, y para no asustarla más, nosotros
asumimos la subida del IVA. Intentamos cumplir el objetivo de que la gente pague lo mismo que hace un año por
ver un espectáculo infantil bien hecho. Aun así, los hay más baratos, sin duda, pero no tienen la
escenografía ni la música en directo, que tiene éste.

Si te dan a elegir, con qué te quedas: ¿teatro o televisión?

No puedo elegir. Como artista, el teatro es el único medio donde yo tengo sensación de control real de mi trabajo. La inmediatez de relación con el público no tiene precio. Pero la tele tiene una gran ventaja para un tipo con mi personalidad, y es que es caótica. Se mueve en base a la improvisación, en base al 'no sé lo que va a pasar en el minuto siguiente'. Y a mí eso no es que me encante… ¡es que me vuelve loco! Sobre todo cuando presentas un concurso, que es un género que no tiene guión. Soy tan libre… Es como empezar con una página en blanco cada día donde escribes lo que quieres, con total libertad, basándote en la espontaneidad, un valor que para mí es mi código ético… Es un medio en el que estoy muy a gusto, la verdad. Yo no podría pasar sin la tele.

Te hemos visto pasarlo pipa en concursos como 'Date el bote' (ETB 2), ¿qué anécdota te hizo más gracia? ¡recuerdo un concursante que dijo que el polonio era el idioma de Polonia!

(Risas) ¡Qué tiempos! ¿Te acuerdas? “¿Qué época del año es septiembre y octubre en Argentina? ¡Enero y febrero! (Risas)”. Salía cada cosa… 'Date el bote' duró nueve años en la parrilla con muy buena audiencia y eso que estaba en un horario competitivo y no protegido: Teresa Campos en Telecinco, Arguiñano en La 1… Ese programa era como ir al psicólogo todos los días, hacer una terapia y encima, lejos de pagar yo, me pagaban a mí. ¡Era un chollo!

En 'Quién quiere ser millonario' eras un poco malvado con el concursante, ¿por qué ese empeño en hacerle fallar?

¿Malvado? ¡Qué va! Todos tendemos a ser desconfiados, y muchas veces la desconfianza te condena. Cuando yo presentaba 'Quién quiere ser millonario' yo jugaba con el concursante, a ver si estaba o no estaba seguro, si había o no acertado, pero muchas veces, en vez de entregarse a mis brazos y confiar en mí, era todo lo contrario. Y bastaba con que yo le insistiera en que se había equivocado con la respuesta, para emperrarse en no cambiarla, cuando en realidad yo le estaba ayudando. Los presentadores siempre ayudamos, por puro marketing. No podemos hacer fallar a un concursante. Aparte de que eso iría en contra mi ética. Yo no podría engañar a un concursante para que fallara.

Por cierto, diste los 50 millones en ese programa y recientemente dos hermanos se llevaron en 'Atrapa un millón' los 200.000 euros, ¿de verdad que no hay trampa ni cartón tras esos premios gordos?

¿Tú crees que en 'Pasapalabra' hacen preguntas más fáciles en el rosco final cuando llevan dos años sin dar un premio para ver si así el concursante las acierta? Es muy difícil el medir la dificultad de las preguntas, porque a veces con la mejor intención del mundo preguntas una gilipollez y según de qué parte del país sea el concursante o la cultura que haya recibido, le resulta un mundo. Y hay una cosa evidente. Y es que cuando la dirección del programa ve que el nivel de dificultad de las preguntas es tan alto, hasta el punto de que sufre el espectáculo porque el concursante no llega, hace un esfuerzo por rebajarlo. ¿Qué pasa? Pues que igual se rebaja coincidiendo con la llegada de un listo, que se lo lleva todo. Pero eso también es bueno, ¿no? que se den premios en la tele. Se trata de eso, de que la gente pueda ganar dinero en la tele… ¡Ojo! sudándoselo, ¿eh? Que es lo que hace que sea meritorio.


Carlos Sobera presenta 'Atrapa un millón', de lunes a viernes, a las 19:45 horas, en Antena 3.

Jorge Fernández, Anne Igartiburu, Karlos Arguiñano, Ramontxu García, Emma García… eres uno de los tantísimos presentadores que dio el salto de la televisión autonómica vasca a la nacional, ¿qué le dais a la audiencia para gustar tanto?

¡Ya! ¡No sé! Teóricamente los vascos somos todos sosos, ¿no? ¿no se dice eso de nosotros? En mi caso igual es porque tengo una importante presencia de sangre burgalesa y el Cid me ha dado ese impulso… (risas). Pero es verdad, hay gran cantidad de presentadores vascos que han (que hemos) dado el salto. Es lo de siempre. Los vascos somos probablemente en general muy sosos, no hay más que ver a Ibarretxe, pero el que sale 'salao', sale 'salao', ¿no? En Euskadi somos muy desinhibidos, muy 'echaos' palante, muy chuletas… y quizás eso hace que mucha gente brille en el campo de la comunicación. Eso y, joé, porque somos muy buena gente, afables, cercanos, no tenemos dobleces… y eso comunica muy bien.

Por cierto, una curiosidad, ¿por qué un vasco siempre dice que lo es entre la segunda y la quinta frase de conocerle?

¿Ah sí? Sí, puede ser… ¡Pues por si no se nos nota, la hostia! Es verdad que los de otras comunidades no lo dicen tanto, ¿no? Pues, no sé, supongo que porque es un concepto social, el ser del norte…

Tu ceja es más famosa que la de Zapatero, ¿has pensado en 'asegurarla' como Cristiano Ronaldo sus piernas?

(Risas) Tendría que haberla asegurado ya, sin duda, y haber registrado propiedad industrial de la ceja, porque vino Zapatero y le sacó más provecho que yo.

¡Y cómo la mueves…!

Yo es que soy muy expresivo e incapaz de hablar sin gesticular. La ceja es un elemento esencial porque sirve para inquietar, para crear tensión…

Muchos igual no se acuerdan, pero también formaste parte de la cantera de 'Al salir de clase', ¿qué recuerdas de la época en la que hacías de padre de Miriam y Nico?

Recuerdo muchas cosas. Cuando llegué a Madrid con 36 años, empecé a rodar esta serie, y aunque quede mal decirlo, me tenían que pintar las canas, porque mis hijos televisivos ¡solo tenían 12 años menos que yo! En 'Al salir de clase' me estrené al mismo nivel que todos los críos 'de veintitantos' e hice muy buenas migas con todos ellos. Me lo pasé genial en el rodaje, fue un año fantástico. Y luego muchos de esos chavales se han convertido en estrellas: Pilar López de Ayala, Elsa Pataky, Rodolfo Sancho…

Éste último, tu hijo en la ficción…

A Rodolfo Sancho le quiero mucho. Yo siempre le decía a Sancho Gracia: “Sancho, no dudo de que seas el padre biológico de Rodolfo, pero quiero que sepas que le siento como hijo mío”. Me dio mucha pena cuando murió Sancho Gracia, lo sentí como si muriera mi padre… Era un tío genial, y como compartíamos hijo…

Por último Carlos, ¿que tienes para gustar tanto a las mujeres?

¡Te estás colgaaaaaando! (Risas).

¡Eh! ¡que no lo digo por mí!

(Risas), Ya, bueno… No creo que guste tanto a las mujeres, no sé, ¿no? Para eso están Arturo Valls, Jorge Fernández y ¡hasta
Arguiñano! Como no vean en mí que soy un tío muy cercano, entrañable, y
familiar… Puede ser. La gente en la calle me pregunta cosas como si me
conocieran de toda la vida. Vale, sí. Soy campechano, abierto, cercano,
nada distante.