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Pedro García Aguado (Madrid, 1968) nos concede una entrevista durante la presentación de la nueva temporada de Hermano Mayor (viernes, 21:30 horas, Cuatro). Exjugador de waterpolo, que convivió en la selección nacional con jugadores de la talla de Pedro Rollán o Manel Estiarte, acabó hundido por culpa de las drogas. “En 2003 era un tipo completamente acabado”, nos dice. Su experiencia personal es la que ayuda ahora a otros chicos a salir del pozo.

Una bronca mediática en Twitter con su compañero Frank Cuesta, le ha elevado a trending topic en la red social la semana pasada, aunque él, me temo, está a cosas más importantes.

Dices que en España uno de cada cuatro hogares tiene problemas con algún adolescente, ¿a qué crees que se debe esta situación?

Desde mi punto de vista, ha habido muchos cambios sociales que influyen en que haya más casos de frustración… Chicos que no acaban la ESO, muchas separaciones, mucho padre que por trabajar mucho ha dejado la educación de sus hijos en manos de otras personas… Son chavales con la autoestima muy baja, que han asociado la felicidad al dinero. Chicos que si salen del cine y ven que no han recibido ni un whatsapp en ese tiempo, lloran.

¿Hay un manual para educar bien?

No, no lo hay, pero sí hay que utilizar el sentido común. El arte de educar consiste en hacer que nuestros hijos sean capaces de valerse por sí mismos, siendo felices. ¿Qué hay que hacer para lograr esto? Pues ni estar dándoles con un látigo ni sobreprotegerles demasiado. Te pongo un ejemplo personal. Mi hija no sabía atarse los cordones y yo para facilitarle las cosas, le compré zapatillas de velcro. ¡Con las zapatillas de velcro podría haberse estado hasta los 15 años! Un día me paré a enseñarle porque pensé: éste es el primer reto que tiene que superar, aprender a atarse los cordones.

Creo que lo mejor es disciplina cuando toca disciplina, amor siempre,
-aunque se porten mal-, autoridad siempre, -que no autoritarismo-, el
'porque yo lo digo no sirve para nada', siempre 'te lo digo por
esto, por esto y por esto'. Un día lo entenderá y otro no.

Tu experiencia personal está sirviendo para ayudar a muchos chicos, ¿te sientes identificado con las situaciones que te encuentras?

Muchas de las situaciones que ellos viven las he vivido yo. Gracias a Hermano Mayor soy un padre que sufre más. Soy más consciente de la responsabilidad tan importante que es ser padre. Yo tengo dos hijas de dos exmujeres y me da miedo todo.

Una duda, ¿cuánto de guión hay en Hermano Mayor?

Hermano Mayor no tiene guión. Yo no soy actor, los chicos no son actores, sus padres no son actores. Lo que surge, es lo que surge. Se comportarían igual si no hubiera cámaras. 

Normalmente, ¿quién llama al programa?

A veces llama el propio chaval, porque tiene intención de cambio, a veces sus amigos se ponen en contacto con el programa a través de las redes sociales y a veces son los padres los que lanzan un ultimátum a sus hijos. 

¿Quiénes son más violentos, los chicos o las chicas?

Es curioso, pero en esta temporada nos hemos encontrado con chicas muy violentas, como una que llega a romper una puerta.

¿Has vivido situaciones de riesgo real?

Ha habido situaciones violentas sin duda, pero, como mucho, son capaces de mirarte a los ojos. Siempre respetan el uso de la violencia contra mí o el resto del equipo. En el fondo saben que estamos ahí para ayudarles. Es verdad que a veces sí preguntamos si hay armas dentro de casa, más que nada para no entrar.

¿Y nunca has pensado en tirar la toalla con algún caso?

Claro que sí lo he pensado. Ha habido casos en los que al tercer día me he tenido que reunir con el equipo para decir: “Oye, o no me quiere escuchar, o no estoy diciéndole lo que le puede servir”. Hay veces que manejamos situaciones muy frustrantes, pero acabamos encontrando una solución. Rendirnos, lo que se dice rendirnos, no nos hemos tenido que rendir con ni uno. Lo que me he encontrado este año es mucha incredulidad en algunos de los padres que nos han llamado. Me dicen: “Te he llamado, pero no creo que esto tenga solución…”. Ahí piensas: joé, es el doble de responsabilidad.

¿Y te vas con la sensación de solucionar los casos?

El objetivo del programa es llevar a la familia a un punto de encuentro. Luego ya depende del trastorno de conducta de cada caso, porque hay que ver si hay que dejarles en manos de especialistas… Nosotros les ponemos el camino adecuado y una serie de pautas. De hecho, me gusta siempre darles una hoja de ruta cuando nos vamos. Es fantástico cuando uno de ellos te dice: volveré a estudiar… Eso me gusta mucho.

DE LA ÉLITE DEL WATERPOLO A LAS DROGAS

Tú caíste muy jovencito en las drogas, ¿crees que tus padres fallaron en tu educación?

Yo pienso que ellos no fallaron en mi educación. Ellos fallaron en su pareja y en la construcción de familia porque se divorciaron. Que yo decidiera o no tomar drogas, eso no lo hubiera parado nadie. Yo vivía en un entorno en que el deporte favorecía el que pudiéramos beber alcohol cuando celebrábamos victorias. De ahí, pasé a otras sustancias, porque no tenía conciencia de riesgo. Yo pensaba que eso podía controlarlo y al final acabó controlándome a mí. Pero mis padres, poca responsabilidad tuvieron en eso.

Jugador profesional de waterpolo, estarías acostumbrado a técnicas de entrenamiento muy duras, ¿no?

Tuvimos entrenadores más blandos, pero algunos muy duros. Yo creo que el sufrimiento conjunto nos hizo unirnos mucho, y esa unión hizo que consiguiéramos superar muchas adversidades en el agua. Pero sí, tuve un entrenador, Matutinovic, que nos sometía a pura disciplina militar. Y luego, otro, Mariano García, que nos decía cada cosa para motivarnos… A mí me decía que era un mierda y un enclenque. Yo sé que en el fondo no lo hacía para hundirme y me lo tomaba a broma, pero si eso se lo hubiera dicho a un chaval que no tuviera la autoestima muy alta…

¿Pudo ocurrirles esto a las chicas de Anna Tarrés?

Mira, las chicas de la sincro, después de estar entre ocho y nueve horas en el agua… lo de menos es si te dicen que vomites o no vomites. La dureza está en el propio ejercicio.

Tuviste que abandonar el waterpolo casi en el mejor momento de tu carrera por culpa de las drogas…

Sin duda venía de hacer mis dos mejores temporadas, pero justo empecé a consumir de forma habitual y descontrolada. Bebía tres o cuatro días a la semana. Ingresar en un centro de drogodependencia fue lo que truncó el final de mi carrera. Yo en el año 2003 estaba completamente acabado.

MANEL ESTIARTE Y SU FAMILIA… SUS 'HERMANOS MAYORES'

¿Y quién fue tu Hermano Mayor?

El primer hermano mayor que tuve fue mi familia. Mi padre y mi madre que nunca habían estado juntos en nada, se unieron para sacarme adelante, económicamente y con su presencia. Luego también mis hermanas me ayudaron mucho. Y por supuesto el capitán del equipo nacional Manel Estiarte. A los demás chavales les aparté por mi adicción a las drogas, pero sé que siempre me han tenido un cariño especial.

Hoy por hoy, ¿te consideras completamente rehabilitado?

No, ni mucho menos. Yo sé que tengo una enfermedad que está latente y que, aunque ya no tenga síntomas, se reproduciría en el momento en que yo volviese a tomar alcohol u otra sustancia psicoactiva. Yo me consideraré libre de la droga cuando esté en mi cajita de pino, me quemen y diga: no he tomado en 30 años, ¿sabes? Pero las drogas están ahí y sigo en contacto con ellas sobre todo por el daño que están haciendo a muchos chaveles. No he dejado de ir a mis terapias. Me encanta cuando me reúno con mis compañeros adictos. Frivolizamos a veces mucho con que los doctores dicen que no nos pasemos… pero ¡coño! que nos hemos librado de una esclavitud muy grande, ¿eh? pero ¡muy grande!

¿Te paran mucho por la calle?

Continuamente, pero no
para saludarme, no. La gente me para y me cuenta el problema de su hijo.
Paso consulta en la calle a todas horas.