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Juan Manuel Sánchez Reche (Albox, Almería 1987) se muestra sincero y amable desde el otro lado de la línea telefónica, desde donde atiende a Qué.es. Desde que el pasado julio se alzara con el 'premio gordo' de MasterChef, son muchas las entrevistas que lleva a sus espaldas, pero, en ningún caso, se ha acostumbrado a ellas. Tampoco la fama se le ha subido a la cabeza, según nos dice. El 'bisbal' de la cocina, convertido en estos momentos en un chef mediático donde los haya, viene pisando fuerte en la nueva generación de cocineros españoles. ¡Qué tiemblen Ferrán Adriá o Chicote!

Juan Manuel, nos partiste el corazón con tu historia de superación personal, ¿quién fue la primera persona de la que te acordaste al ganar MasterChef?

Me acordé de toda mi familia, por supuesto, y en especial de mi padre, que fue la persona que quería hacer cumplir mi sueño 'de chiquitito', que era convertirme en un gran cocinero. Mi padre me prometió unos estudios de hostelería, pero falleció y todo se truncó.

¿Cómo te ha cambiado la vida MasterChef?

La vida me ha cambiado en cuanto a que no paro de hacer entrevistas, ir a actos, a que me pare la gente por la calle… pero la fama no se me ha subido a la cabeza. Para nada. Yo hablo con todo el mundo con total naturalidad y pienso que tiene que ser así, porque siento que debo alguien a quien ha demostrado tanta entrega.

¿Podríamos llamarte el 'bisbal' de los fogones?

Bueno, tanto David Bisbal como yo, salimos de un concurso de TVE, somos almerienses y tenemos vocación de lo nuestro, pero tampoco creo que tenga que ver con él, ¿no? Bisbal es mi cantante favorito, por cierto, y un día espero poder conocerlo.

¿Eres un 'sibarita' a la hora de elegir restaurante o no tienes problema en comer de McDonald's?

Soy sibarita en cierta medida, pero no me cierro a nada. Si te soy sincero, no es mi devoción comer en un McDonald's, pero si un día tengo que hacerlo por las prisas, lo hago. ¿Que prefiero la alta cocina o la tradicional? Por supuesto que sí.

¿La cocina es cosa de hombres?

No tiene por qué. Hay buenas chefs. Muy buenas. Y yo tuve una rival (Eva) muy dura en la final de MasterChef.

¿A una mujer se le conquista por el estómago?

Puede ser, pero yo a la mía la conquisté hablando. Luego sí empecé a cocinar cositas para ella y pronto supo que tenía un don.

¿A qué chef te gustaría parecerte 'de mayor'?

A tantos… Pero ahora lo que quiero es ir paso a paso, que tengo toda la vida por delante. Por supuesto llegar a ser un Ferrán Adriá o un Martín Berasategi requiere mucho esfuerzo.

¿Qué concursante era tu ojito derecho en MasterChef? 

Tuve una relación especial con Noé, porque compartíamos la misma habitación en la casa. Le cogí mucho cariño por eso, pero en general nos llevábamos bien entre todos. Éramos como una gran familia. Cada uno se ocupaba cada día de cocinar, de las tareas de la casa, de la compra… Empezamos siendo 15 compañeros de edades muy distintas: desde Maribel hasta Fabián, que al ser el más pequeño siempre estuvo muy arropado por todos nosotros…

¿Y qué piensas de José David y su estrategia (fallida) para ser ganador de MasterChef?

A mí me demostró que era buena gente dentro de la casa. Otra cosa es lo que él hiciera en la televisión.

¿Pepe Rodríguez, Samantha Vallejo Nágera o Jordi Cruz?

Mi preferido era Jordi porque es el que más se parecía a mí. Era supertrabajador y una persona muy ágil.

¿Samantha sabía algo de cocina? En Twitter a veces se sobraban un poco con ella

¿Sí? Samantha se dedicaba más a la decoración, pero también cocinaba. Con ella hicimos por ejemplo dos cursos, uno de emplatado, y otro de una receta de una tarta tatín (de manzana).

No empezó fuerte, pero en la final 'os cenásteis' con patatas al mismísimo Gran Hermano ¿Cuál crees que ha sido el secreto del éxito del programa?

Creo que a diferencia de otros programas, MasterChef es un programa limpio, sincero y familiar.

Ahora que empieza MasterChef Junior, ¿qué consejos les das a los críos?

Les digo que tengan mucha paciencia, que pongan ganas e ilusión, y que sean humildes. En la cocina, superación y humildad, ante todo.