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La Sociedad Española de Neurología realiza una serie de recomendaciones a los pacientes con epilepsia ante el contexto actual de pandemia. Un 10% de la población sufrirá una crisis epiléptica a lo largo de su vida.

Vidas Insuperables

A pesar de que en el «Registro de manifestaciones y complicaciones neurológicas en pacientes con infección COVID-19», que está elaborado la Sociedad Española de Neurología (SEN),  se han notificado varios casos de personas que han presentado crisis epilépticas, muchos sin antecedentes de crisis previas, los pacientes con epilepsia no tienen un mayor riesgo de infección de coronavirus, ni por la facilidad de infectarse ni por la gravedad de la afectación, según esta entidad.

«Es probable, por lo tanto, y al igual que ocurre con otras enfermedades infecciosas como la gripe, que haya pacientes con COVID-19 que presenten crisis epilépticas en el seno de la infección, como una complicación secundaria de esta nueva enfermedad», comenta el Dr. Francisco Javier López, Coordinador del Grupo de Estudio de Epilepsia de la Sociedad Española de Neurología.

Con motivo del Día Nacional de la Epilepsia celebrado la semana pasada, una de las  enfermedades neurológicas más comunes y que se caracteriza por la predisposición del cerebro para generar crisis epilépticas, la SEN ha presentado un estudio que revela que unas 400.000 personas padecen en España esta enfermedad.

Se trata de la segunda patología neurológica en años de vida potencialmente perdidos o vividos con discapacidad. Y es que, a pesar de que se trata de una enfermedad que dispone de tratamiento, la expectativa de vida de los pacientes con epilepsia se ve reducida entre 2 y 10 años, su tasa de mortalidad es entre 2 y 3 veces mayor que la de la población general y el 60% de los pacientes asocian trastornos psiquiátricos, neurológicos o intelectuales.

Consejos 

En ese contexto, esta sociedad ha realizado una serie de recomendaciones a los pacientes con epilepsia ante el contexto actual de pandemia:

–          Tener suficiente medicación antiepiléptica en casa y no abandonar el tratamiento.
–          Tener una benzodiazepina de rescate en casa para prevenir la asistencia a urgencias.
–          En caso de aislamiento, el paciente con epilepsia debe estar vigilado estrechamente. Hay que asegurarse que puede comer, beber, dormir y tomar la medicación con regularidad.
–          Si no se trata de una urgencia, se recomienda no acudir al hospital sin cita y contactar antes con su neurólogo.
–          Contactar con el servicio de emergencias sanitarias ante las siguientes situaciones:
o   Una crisis convulsiva que dure más de 5 minutos.
o   La aparición de una segunda crisis convulsiva poco después de la primera.
o   Si ocurre una lesión durante la convulsión.
o   Si la convulsión se presenta cuando la persona está en el agua.
o   Si la convulsión ocurre en una persona que tiene otra enfermedad (diabetes, enfermedad cardiovascular, etc.) o está embarazada.
–          En caso de infección por COVID-19:
o   Será necesario un adecuado control de la temperatura. Al igual que ocurre con cualquier otra enfermedad febril, la infección por COVID-19 puede aumentar las crisis en una persona con epilepsia.
o   Algunos medicamentos utilizados en el tratamiento de la COVID-19 pueden presentan interacciones con los antiepilépticos. Por ello, será necesario revisarlas a la hora de añadir o ajustar nuevos tratamientos.

20.000 casos al año 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que una de cada diez personas sufrirá, al menos, una crisis epiléptica a lo largo de su vida. «La epilepsia puede tener muchas causas, aunque la predisposición genética o padecer algún tipo de anomalía o lesión cerebral, suele ser las causas más habituales», explica el Dr. López. «Es además una enfermedad que afecta a todos los grupos de edad, aunque su incidencia es mayor en niños, adolescentes y ancianos».

Cada año se diagnostican en Europa unos 400.000 nuevos casos –unos 20.000 en España- aunque se estima no solo que el número de diagnósticos falsos positivos en esta enfermedad es sorprendentemente alto -podría llegar hasta al 18%- sino que aún hay un porcentaje importante de pacientes sin diagnosticar. Esto hace que, en algunos casos, el retraso en el diagnóstico de esta patología pueda alcanzar los 10 años, principalmente porque hasta un 25% de las crisis puedan pasar inadvertidas tanto por los pacientes como por sus familiares.