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A sus 19 años, Sergio Ibáñez
logró el pasado mes de abril la medalla de plata en la categoría de 60
kg, en la World Cup disputada en Antalya, Turquía. Esto le ha permitido
seguir creciendo en el panorama internacional y ha pasado de ser una
joven promesa del judo español para con discapacidad visual a ganarse
por méritos propios un hueco en la élite mundial.

Sergio padece una discapacidad
visual de nacimiento que le afecta al nervio óptico y que le obliga a
llevar siempre unas lentillas o unas gafas con cristales
especiales. Además, tiene fotofobia desde los ocho años, los conos
oculares no hacen su función y es muy sensible a la luz. Sin embargo,
esto no le ha impedido triunfar en el mundo del judo.

“Tengo un 78% de discapacidad y
además soy fotosensible. Estoy tan acostumbrado a esta discapacidad que
no me he sentido nunca limitado, es algo que he tenido desde siempre y
con ello he crecido. Es difícil comparar porque no sé lo que ven los
demás”.

Una carta de la ONCE le cambió la vida

Se afilió a la ONCE cuando tenía
ocho años, y al poco tiempo le llegó a casa una carta con los deportes
que se impartían. Aunque empezó practicando natación, se dio cuenta
pronto de que aquello no era lo suyo, y al año siguiente comenzó con el
judo. Se inscribió en octubre, y a los pocos meses, en unos juegos
escolares consiguió la medalla de plata. Desde entonces no ha dejado de
mejorar y atesorar medallas.

“Elegí el judo desde pequeño y
hasta hoy. Desde que empecé entreno y compito con gente que no tiene
ninguna discapacidad. Poco a poco me di cuenta de que era uno más y esta
discapacidad no fue ningún impedimento para soñar con algo grande”,
afirma.

Compagina dos tipos de
competiciones, paralímpicas y tradicionales. Por un lado compite con
personas sin ningún tipo de discapacidad, y por otro con deportistas que
sí la tienen. En las competiciones con personas sin discapacidad no hay
ninguna adaptación para él, sin embargo, en las que compite con
personas con discapacidad visual, se hacen adaptaciones mínimas. La
principal es empezar agarrados y que se hagan advertencias de una
sanción con la voz.

El principal handicap para
Sergio no son sus rivales, sino la luz que haya sobre el tatami. Por
eso, cuando empezó a entrenar en el Judo Club Zaragoza, les pidió que
adaptasen la luz que había, y aseguró que él se encargaría del resto.

Los valores del deporte

“El judo no es simplemente un
deporte, me ha enseñado mucho y me ha inculcado muchos valores. Me ha
ayudado a abrirme más en mi entorno y a ser más seguro de mí mismo”. El
aragonés ha terminado este año un grado medio de deporte y dedica todo
su tiempo a entrenar. Comienza la mañana con una sesión de pesas y
dedica la tarde a su entrenamiento de judo.

Además de dedicarse al judo,
pasa gran parte de su tiempo libre practicando otros deportes. “Me gusta
mucho el deporte en general, a veces salgo con mi padre los fines de
semana con la bici, a correr con mis amigos, el fútbol o ir a nadar”.
Aunque no tiene un referente fijo, asegura que admira a muchos de sus
compañeros de tatami y a diferentes deportistas a nivel nacional, entre
ellos Rafael Nadal y Mireia Belmonte.

De admirador a admirado

Entre sus últimos triunfos,
Ibáñez ha vuelto a conseguir el oro revalidando el título de Campeón de
España FEDC en la categoría de 60 kg, y ha logrado clasificarse como
subcampeón en la categoría de 60 Kg en la Copa del Mundo de Judo,
organizada por IBSA en Turquía.

Con ello, sigue sumando triunfos
que añadir a su dilatada lista de éxitos, y se coloca como uno de los
firmes candidatos al título en el Campeonato del Mundo que se celebrará
en Lisboa en noviembre de este año.

“En noviembre tengo el
Campeonato del Mundo con el equipo paralímpico en Lisboa y ese es mi
próximo objetivo. Aunque si pienso a largo plazo, me gustaría
clasificarme en unos juegos paralímpicos, esa es mi ilusión desde el
primer día”.

Para Sergio nada de esto habría
sido posible sin el apoyo de su familia, entrenadores y amigos. “Me
gustaría agradecer el haber llegado hasta aquí a mi familia, a mis
padres que siempre han estado dándome el 120%, y a todos mis
entrenadores y compañeros que han sido como mi segunda familia”.

Para concluir, asevera que todo
empieza poniéndose una meta. “Lo ideal es empezar con alguien con quien
te lleves muy bien y continuar, engancharte a ese deporte que te guste.
Cada vez lo necesitas más. Buscas nueva gente y encuentras a personas
con las que compartir esa afición. Te das cuenta de que esas barreras
que había al principio, cada vez son más pequeñas y tú mismo te empiezas
a poner metas más altas”.