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Tras participar en cuatro
paralimpiadas, y ser dos veces campeón del mundo, reconoce haber logrado
más de lo que hubiese imaginado. Montado en una bicicleta durante seis
horas, Juan José Méndez entrena a diario para no perder su forma física,
e intenta prepararse para los siguientes Juegos Paralímpicos de Tokio 2020.

Empezó a montar en bici a los
doce años junto a su padre, y dos años después estaba compitiendo. Se
formó en este deporte durante las categorías cadete, juvenil y amateur, y
aunque estuvo cerca de dedicarse a ello profesionalmente, al final no
puedo ser y dejó el ciclismo para trabajar en una ortopedia.

La vida de Juanjo cambió en el
año 1992 cuando sufrió un accidente de motocicleta junto a su hermano.
“Me desmayé en la moto. Mi hermano se dio cuenta de que no tomaba la
curva y entendió que algo no iba bien. A pesar de todo debo reconocer
que tuvimos suerte porque impacté contra un coche, sino hubiésemos
chocado contra una pared”.

En el accidente su hermano salió disparado de la moto y Juanjo se quedó con ella, por lo que se le amputó un brazo. La Guardia Civil
llegó a darle por muerto. Sin embargo, uno de los agentes se percató de
que aún intentaba moverse, así que sacaron a su hermano de la
ambulancia y le llevaron al hospital. “Me dieron por clínicamente
muerto, estuvieron más de media hora reanimándome y me pusieron muchos
litros de sangre”. Tras el accidente estuvo 20 días en coma para poder
soportar los dolores.

Segundas oportunidades

Después de este suceso, Juanjo
engordó hasta pesar 100 kilos. Llegó a coger tanto peso que no se
reconocía, pero decidió que no iba a pasar así el resto de su vida. Así
que junto a su amigo y compañero Bernat Moreno,
volvió a subirse a una bicicleta. Lo que no sabía entonces, es que lo
que comenzó como una forma de perder peso, acabaría llevándole a donde
está hoy.

“Después de haber montado en
bici toda la vida pensé que tenía que intentarlo, pero no creí que lo
fuese a conseguir. Al montarme y ver que me aguantaba, me di cuenta de
que podía hacerlo. Empezamos dando vueltas por el velódromo de Horta (Barcelona) y hasta hoy”.

El ciclista reconoce que aún se
le pone el vello de punta al recordar esas primeras vueltas en el
velódromo tras el accidente. “Es muy emocionante ver que puedes ir en
bicicleta, cuando empiezas pensando que igual el cuerpo no te aguanta,
que te puedes desequilibrar y caer. Lo que más me dolía no era la pierna
sino el brazo de aguantar todo lo que pesaba en ese momento. Soportar
el peso encima de la bicicleta era mortal”.

Ahora pasa el día entrenando
para no perder la forma física. Se prepara con la bicicleta por la
mañana y por la tarde, además de acudir al gimnasio. Asegura que para
mantenerse donde está necesita entrenar constantemente. “Este deporte
cada vez es más profesional y noto mucho la edad que tengo ya. Con 54
años que tengo no puedo dejar de entrenar, a la mínima que paro me
cuesta el doble llegar arriba”.

“Nunca me he planteado dejarlo”

Juanjo sintió que había vuelto a
nacer cuando se recuperó del accidente del 92. Pero esa no fue la única
vez. El año pasado volvió a 'renacer' dos veces. Le atropellaron las
dos ocasiones mientras entrenaba en carretera.  La primera vez estaba en
un semáforo y cuando quiso arrancar, el coche que venía por la derecha
se fue a la izquierda, y le llevó por delante. El siguiente fue en una
carretera de doble dirección. El coche que venía de cara no puso el
intermitente y se cruzó delante suya.

Aún habiendo sufrido dos
accidentes en un breve periodo de tiempo, asegura que no se ha planteado
dejarlo en ningún momento. Es su día a día y se siente bien cuando
entrena. Igual de bien que cuando monta a caballo con su hija Alba. Van
juntos a la montaña y es el momento en el que puede desconectar y
relajarse.

“Nadie hubiese dicho que yo
podría ir en bicicleta, que montaría a caballo, o que podría conducir.
Ahora hago todo eso y mil cosas más. Con ganas todo se consigue”. Por
eso, recomienda a personas con otras discapacidades que no se rindan, y
que no permitan que nadie les diga que no pueden hacer algo. Deben ser
ellos mismos quienes decidan qué pueden hacer y qué no.

El proyecto Génesis

Juanjo, o el 'cojo cabrón' como
se hace llamar en las redes sociales, rezuma energía y buen humor por
todas partes. Recuerda una anécdota que vivió en un circuito de Valencia.
“Se puso a llover y me caí en un paso de peatones. La bicicleta acabó
por un lado y yo por otro. El urbano que estaba allí recogió mi bici y
se preocupó porque pensaba que se había roto y que no podría continuar.
Cuando me vio, el pobre hombre no sabía dónde meterse. No está rota la
bicicleta, el que está roto soy yo”, cuenta entre risas.

Otro de los momentos que
rememora con humor fue tener que ir a la escuela con su hija para
demostrarle a sus compañeros que podía montar en bicicleta. Aparte de
entrenar, da charlas en colegios y dedica su tiempo a los niños. “Hago
lo que me gusta y me siento bien con lo que hago. Los niños son únicos,
te preguntan lo que sienten, son niños y no se cortan en nada. Es una
cosa muy bonita”.

No sólo disfruta con los más pequeños en dichas charlas. Junto a su compañero Bernat, fundó el proyecto Génesis Cycling Team
para facilitar la inclusión de niños con discapacidad a través de la
práctica deportiva. Empezaron este proyecto porque quisieron dejar de
ayuda y enseñar exclusivamente a gente mayor. Lo que querían era empezar
desde abajo, formando a niños y jóvenes.

“El apoyo del entorno es fundamental”

La gente joven que está
empezando en el deporte es la que necesita más ayuda, porque el
principio es lo que más cuesta, comprarse la bicicleta o los materiales,
entre tantas otras cosas.  “Cuando ya eres campeón del mundo tienes más
facilidades, te conoce más gente, lo complicado es llegar hasta allí
sin ayuda”. Desde el Club Génesis intentan animar y ayudar a la gente
joven, aunque nada es fácil de conseguir. De ejemplo Juanjo se pone a sí
mismo, ya que le costó 18 años llegar al primer mundial.

Además de este apoyo, es
fundamental el del entorno. Afirma que aunque a veces se espera más
apoyo del que realmente se recibe, él no puede tener queja. “A Bernat
tendré que estarle agradecido toda la vida. Y a mi familia y amigos. Yo
ahora no podría entrenar solo, y lo consigo gracias a ellos. Son el
fundamento del día a día. Cuando vas a un mundial o a una competición,
tienes gente, pero lo difícil es el resto del tiempo, la gente que te
tiene que ayudar a diario.  Yo he tenido la suerte de que aunque a veces
ellos también lo estén pasando mal, siguen aquí, ayudándome”, concluye.

Sin duda, una auténtica lección
vida de Juanjo, que quiere seguir estando en lo más alto junto a la
selección de ciclismo paralímpico, deporte que ha recibido un gran
impulso con el patrocinio de Cofidis.