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Andrés Ramos, director general
adjunto de Servicios Sociales para Afiliados de la ONCE (principal
institución promotora en España del etiquetado braille), se enfrenta
cada día al reto de adivinar si el producto que tiene en las manos es el
que realmente necesita. “Te puede pasar que quieres echarte champú y
acabas poniéndote la crema de tu chica en la cabeza. Este es el día a
día de las personas ciegas”, explica con humor y sinceridad a partes
iguales.

El
etiquetado en braille ya puede encontrarse en algunos envases como es
el caso de los medicamentos, lo que facilitó mucho la vida de este
colectivo. “Recuerdo, antes de que los medicamentos estuviesen
etiquetados en braille, el problema que significaba para una pareja de
ciegos totales tener un hijo y que tuviese fiebre. Y abrir la caja de
los medicamentos y que hubiese envases sin etiquetar”. Sin embargo, este
avance no se ha dado aún con el resto de productos que utilizamos a
diario.

Esta falta de información en
braille puede suponer un auténtico peligro si pensamos en productos
tóxicos como la lejía y el amoniaco, o alimentos que pueden contener
trazas a las que somos alérgicos. Por lo que Andrés, en nombre del todos
los invidentes reclama que “el salto maravilloso que se dio con el
etiquetado en medicamentos se dé también con el resto de productos de
consumo, de salud, de limpieza y de alimentación”.

Ramos es positivo y considera
que no hay una mala intención por parte de la industria alimentaria,
sino simple desconocimiento. Por eso pretende animar a los empresarios a
los que no se les haya ocurrido a que pongan en marcha esta iniciativa.

“Es algo barato, aumenta la RSC
(responsabilidad social corporativa) de su empresa. No es solo por ganar
más dinero sino porque en España, el empresario tiene cada vez un
sentido ético mayor. Algo tan sencillo como hacer este etiquetado en
braille supone un plus y una calidad a la hora de ofrecer ese producto a
toda la sociedad y sus consumidores”, apunta.

“Con un pequeño esfuerzo se pueden derribar grandes barreras”

A
día de hoy, la mejora en cuanto a accesibilidad en páginas webs y la
creación de nuevas aplicaciones, ha facilitado la compra por Internet de
todo tipo de productos por parte de este colectivo. Sin embargo, el
problema aparece cuando esos productos llegan a casa y hay que
ordenarlos de manera estratégica.

“Lo complicado es cuando tienes
la compra en casa y tú la colocas, pero convives con más personas que lo
pueden desordenar. Entonces es imposible reconocer eso que quieres
comer o quieres usar. Quieres abrir la leche para ponerte un café y
aciertas a la tercera porque es el mismo envase que el de un caldo, un
zumo o un vino”.

El orden es algo fundamental en
los hogares de las personas invidentes, y utilizan además pequeños
trucos para enfrentarse a la cocina, pero lo que reclaman son soluciones
efectivas. “Una solución es que uno pueda saber no sólo de qué producto
se trata, sino cuál es su caducidad o comprobar si tiene algún riesgo
alérgico”.

“Es un derecho básico, no deberíamos tener esas limitaciones”

Este etiquetado lejos de ser un
privilegio es un derecho que, de llevarse a cabo, nos convertiría en una
sociedad más inclusiva, donde los productos serían disfrutados por
todos los consumidores por igual.

Para
Andrés, lo peor de esta situación es tener que depender de otras
personas en algunas ocasiones. “Quiero coger mi yogurt de fresa y como
me han desordenado la nevera al final cojo el de vainilla que es el que
menos me gusta. El envase es exactamente el mismo, y a veces es
complicado tener que depender de alguien que ve. Poder hacer las cosas
por sí mismo es una maravilla”.

Por todo esto y para concienciar
a la industria alimentaria, la ONCE ha impulsado la campaña “Alimentos
con su punto” en la que el reconocido cocinero Sergio Fernández se
enfrenta al desafío de cocinar con alimentos 'en blanco'. Durante la
grabación de un spot, ha tenido que preparar un desayuno con una amplia
variedad de productos envasados idénticamente y sin ninguna pista sobre
su contenido.

Como ayuda, el cocinero ha
contado con el asesoramiento de Andrés que le ha ido trasladando
pequeños consejos para enfrentarse a una aventura que para él es una
realidad diaria. Tras la experiencia ha comentado lo complicado que ha
sido para desenvolverse  'a ciegas' en la cocina.

“Ha sido muy difícil en cuanto a
agilidad. Te encuentras muy perdido. Tienes que abrirlo todo. Si abres
una conserva y la conviertes en un producto perecedero, qué haces, ¿te
comes eso que ya has abierto porque te has equivocado?”.

Además ha reivindicado que las
personas tienen derecho a disfrutar con la comida, a saber qué eligen,
cómo lo cocinan, y qué es lo que quieren en cada momento. “Todos
necesitaríamos un gran tiempo de adaptación para ser capaces de cocinar
así”, ha asegurado el chef.

Equipararse al resto de consumidores

Con esta campaña la ONCE
pretende concienciar sobre la importancia de que los productos de
consumo de primera necesidad introduzcan en su envasado de origen un
etiquetado en braille perfectamente identificativo que facilite la vida
diaria de las personas ciegas y con discapacidad visual grave.

Las empresas que quieran formar
parte de esta iniciativa, deben dirigirse a la Comisión Braille
Española, donde les orientarán sobre cómo hacer bien ese etiquetado.
Además se les concederá el sello de la CBE, considerado un elemento de
prestigio, buenas prácticas y buen ejercicio de accesibilidad de sus
productos.

Esta reivindicación ha
coincidido con la celebración en Madrid del pleno de la Comisión Braille
Española (CBE) y del Consejo Iberoamericano del Braille (CIB), a los
que ha asistido el presidente del Consejo Mundial del Braille, Kevin
Carey.

En la reunión de este pleno de
la CBE ha sido ha aprobado el 'Manifiesto de la Comisión Braille
Española por el derecho de las personas ciegas a un etiquetado braille
universal, donde se recoge la obligatoriedad de los poderes públicos de
“velar por la accesibilidad universal en todos los entornos, procesos,
bienes, productos y servicios, el transporte, la información y las
comunicaciones”.