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Una historia de amor y superación que une México y
España, pasando por China, una enfermedad neurodegenerativa, un buen
vino que rezuma solidaridad  y, sobre todo, mucha ilusión ante una
“enfermedad terrible que te hace vivir en una prisión”.

Pau Torres, de 40 años, y Gina Graciela Córdova, de
35, nacieron a miles de kilómetros  de distancia, con un océano entre
medias. Sin embargo, el destino es caprichoso y también suele tener las carta
marcadas. Él de Tarragona y ella de Monterrey (México), eran
dos almas gemelas que estaban predestinadas a conocerse y compartir sus vidas.

Ese curioso devenir que nos guía a todos les colocó a ambos
en China, en 2006. Pau, Ingeniero de Telecomunicaciones, se había marchado al
gigante asiático con su empresa, la conocida marca de ascensores Schindler. Gina,
que había estudiando Finanzas Internacionales en su país natal, recaló en la
otra punta del mundo con una beca de estudio de chino de la prestigiosa Universidad
de Shangai.

El destino empezaba a unirlos, pero haría falta una
casualidad más para terminar de escribir ese capítulo de sus vidas. Un amigo de
la empresa de Pau, austriaco para más señas, estaba casado con una mexicana.
Pau siempre bromeaba para que le presentara a una amiga de su esposa. Hasta que
ocurrió. La historia de amor entre Pau y Gina estalló inmediatamente. En 2010,
aún en Shangai, nació su primer hijo, Ferrán, y 2013, su hija Montse.

Cuando empiezas a notar algo raro

Meses antes del nacimiento de Montse, comienza a aparecer
una enfermedad inesperada, desconocida, incurable e insospechada hasta
entonces. “Empiezas a sentirte cansado cuando intentas hacer ejercicio físico y
a experimentar que tu cuerpo no responde como tú quieres”, explica Pau a Vidas
Insuperables.

En marzo de 2013, ante el incremento de los síntomas de una
enfermedad a la que ningún médico le había puesto nombre en China, deciden
trasladar a toda la familia a España para intentar curarse y encontrar una
explicación facultativa a lo que estaba ocurriendo cada día en la vida de Pau.

El 4 de julio de 2013, reciben un diagnóstico tan inesperado
como doloroso para la familia. Pau padecía ELA (Esclerosis Lateral
Amiotrófica), una enfermedad neurodegenerativa que les cambió la vida.

Emprendedores sociales

Habían tenido que dejar atrás sus trabajos en China,
carecían de recursos económicos para afrontar la situación familiar en España y
tenían que hacer frente a la realidad de una dura enfermedad.

“Lo primero que haces es preguntarte qué es. No te lo
esperas. Acudes y buscas diferentes médicos y opiniones. Pero cuando todos
coinciden en el diagnóstico, tienes que asumir lo que te está pasando”, asegura
Pau.

En el ámbito personal, lo primero que hicieron fue ponerse
en manos de la Fundación
Miquel Valls
 para que les orientara y guiara por el complejo camino de
esta enfermedad. En el contexto familiar, Pau y Gina comenzaron a reinventarse.
Hicieron varios cursos de la Fundación
ONCE
, de la Fundación
Prevent
 y de la Fundación
ESADE
, para iniciar la senda del emprendimiento social.

En ese marco de incertidumbre, Gina y Pau tomaron dos
decisiones fundamentales hasta el día de hoy. Por un lado, que aquello que
decidieran hacer tendría que tener un valor social añadido y, en segundo
término, recuperar para su aventura empresarial una de sus aficiones, el vino.

Ilusión+

El resultado de esa conjunción ha sido Ilusión+, una empresa que produce sus propios
vinos con una historia y un fin social de primer orden. Cada uno de los
productos de esta firma lleva el nombre de uno de los miembros de la familia,
Pau, Gina, Ferrán y Montse. Y cada vez que alguien compra un vino, está
colaborando con una causa solidaria.

Como regla general, “de cada vino que se vende, el comprador
elige a qué entidad colaboradora – Fundación
Luzón
, Fundación Miquel Vals, Fundación
Noelia
 y Fundación Esclerosis
Múltiple de Cataluña
 – va destinado 1 euro solidario”, indica Gina,
quien recuerda que ese dinero va a parar a la lucha contra las enfermedades
raras, la ELA o la esclerosis múltiple.

Además, Ilusión+ acaba de alcanzar un acuerdo con la empresa
gallega Koala para realizar unos singulares sacacorchos, de cuyas
ventas 3 euros van también dedicados a fines sociales.

Pero, además, detrás de todo el proceso de fabricación de
los vinos hay una cadena de valor social: los bodegueros elegidos tienen que
tener sensibilidad social, las etiquetas, realizadas de manera altruista
por Clase BCN, cuentan cómo convive
una familia con la ELA y cada fase se lleva a cabo en un centro especial de
empleo.

Más investigación

De momento, Ilusion+ ha logrado recaudar más de 70.000 euros
para fines sociales, a través de la venta de más de 9.000 botellas de vino. En
estos momentos, entre sus alternativas tiene 3 tintos, que llevan el nombre de
Pau, 2 blancos, con la marca Gina, 2 rosados, con la denominación de la pequeña
de la casa, y 1 cava, con la etiqueta del nombre del niño.

“Aunque llevo 3 años ya en silla de ruedas y soy una persona
completamente dependiente, tengo suerte porque puedo comer y hablar, algo muy
raro en la ELA porque no tengo afectada la actividad bulbar, pero esta
enfermedad es terrible. Vives en una prisión que es tu cuerpo, aunque tengas la
mente lúcida”, señala Pau.

En su opinión, en el contexto general, “es necesario que la
sociedad se conciencie y adquiera sus productos a aquellas empresas que aportan
algo a la sociedad”. Mientras, en cuanto a la ELA, reclama “más investigación e
inversión. Afortunadamente, gracias a la Fundación Luzón empezamos a tener
fuerza a nivel nacional, pero esta enfermedad es una gran desconocida y
mientras más se sepa de ella, más se podrá hacer para, al menos, combatirla y
mejorar la calidad de vida de las personas afectadas”.

Esta es la historia insuperable de Gina, Pau, Ferrán y
Montse, una familia donde la ELA no ha podido con la ilusión y la esperanza.