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Está a punto de cumplir 36 años (el 21 de diciembre), pero
nunca ha encontrado ningún obstáculo insalvable en su vida. A los 9 meses de
vida le detectaron una polirradioculoneuritis, pero siempre ha vivido pensando
que “las trabas se las pone uno mismo”.

La tenacidad y la superación son vocablos inherentes a Álex
Vidal (Santa Eugenia de Ribeira, La Coruña, 1981), quien siempre ha ido
sorteando cada una de esas vallas que han ido apareciendo en tatami de su vida.

Es uno de los mejores taekwondistas paralímpicos de la
historia. Ahora ostenta el número 2 del ránking mundial, pero este gallego se
ha colgado ya del cuello 4 medallas de oro mundiales y 3 europeas.

Sin embargo, todo comenzó como una casualidad. 'Ález' para
los amigos, se crió en una familia en la que nunca tuvo una sobreprotección por
la enfermedad autoinmune del sistema nervioso periférico que padece.

Se trata de una patología que provoca debilidad muscular,
ataxia -descoordinación en el movimiento-, pérdida de reflejos, fatiga extrema
y sensaciones anormales (parestesia), tanto en los miembros superiores como
inferiores.  Traducido a su vida, la enfermedad le dejó los brazos laxos y
una discapacidad del 77 por ciento.

Sin embargo, sus padres y hermano siempre le animaron a
hacer lo mismo que el resto de niños.  “Jugaba al fútbol y a todos los
deportes que podía. Siempre me encontraba con el apoyo de mi familia”.

Hasta los 18 años, momento en el que le dieron el alta en
rehabilitación y le recomendaron que continuase haciendo deporte para mejorar
su calidad de vida y no perder masa muscular. Fue entonces cuando se apuntó al
Gimnasio Natural Sport de su ciudad natal, donde aún permanece.

“Realizaba entrenamientos normales hasta que un día Juan
Luis Martínez  (hoy en día todavía su entrenador) me dijo que porqué no
probaba con las clases de taekwondo-salud”, en las que había personas de todas
las edades.

“Al principio me zurraban”

Su evolución fue meteórica. A pesar de su discapacidad, Juan
Luis vio enseguida un gran potencial deportivo en él. “A los pocos meses, ya me
metió con los taekwondistas del club”, todos ellos sin discapacidad.

“Al principio me zurraban de lo lindo, pero, poco a poco,
fui mejorando”. Y las cosas empezaron a cambiar. A partir de 2007, comenzó a
disputar competiciones con deportistas sin discapacidad y las metas fueron
cayendo una tras otra. Para sorpresa de todos, consiguió hasta 4 medallas en
diversas competiciones  de este tipo, una de ellas en México.

“Sentía una gran satisfacción personal no por el hecho de
ganar a taekwondistas sin discapacidad, sino porque  tuvimos que superar
las barreras legales y las dificultades administrativas para poder competir con
ellos”, asegura Álex, quien ganaba pese a que competía sin la posibilidad que
sí tenían el resto de rivales de bloquear con los brazos las patadas que le lanzaban.

Sobre la actitud de sus compañeros de tatami, añade que “era
muy integradora. Jamás he tenido ningún problema por tener una discapacidad.
Quizá lo da los valores de este deporte, de sacrificio, entrega y respeto a los
demás”.

Su sueño, una medalla en Tokio 2020

Dos años después, se crea el parataekwondo o taekwondo
paralímpico. Enseguida se engancha a esta disciplina, donde los cetros europeos
y mundiales caen uno detrás de otro, y en multitud, el último de ellos el
pasado mes de octubre.

Ahora sueña con la medalla que redondee su palmarés, un
metal olímpico que pueden alcanzar en Tokio 2020, donde, por primera vez, se
incluirá esta modalidad en el programa olímpico.

“Mi primer reto es clasificarme a través del ránking mundial
y, posteriormente, preparar con ahínco esa cita, todo un anhelo como
deportista”, afirma Vidal, cinturón negro 2º Dan, que también tienen entre sus
metas entrar a formar parte del Plan ADOP del Comité Paralímpico Español.

“Es muy difícil compatibilizar la competición con un trabajo
en el que tengas la flexibilidad de viajar tan a menudo o dedicar tantas horas
a entrenar”, comenta. No obstante, cuando se quite el kimono de competición,
tiene claro que desea mantenerse  ligado a este mundo.

“Me gustaría devolver al taekwondo todo lo que me ha dado”,
concluye 'Ález', una vida insuperable donde juega un papel fundamental su
ahijada, “el demonio”, como la llama cariñosamente.

Ella, su familia, su club, Ribeira, Galicia y el taekwondo
español volverá a estar pendientes de sus hazañas este año.  Sus piernas
de acero y su tenacidad son sus mejores avales.