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Utilizan las técnicas propuestas desde la Escuela de Fisioterapia de Ciegos de la ONCE y su Fundación. Sus manos ven lo que no ven los ojos. Se trata del Centro de Fisioterapia Afidas, implantado en Móstoles y otros puntos de Madrid. Detrás de este espacio de recuperación física hay una gran historia humana. 6 de los trabajadores, incluido su impulsor, Juan Montilla Bejarano, son ciegos y otro es sordo ciego parcial.

Nacido en Córdoba,
aunque lleva en Madrid desde el año 90, Juan es el fundador y alma de
este proyecto. Tienen 47 años y cada uno de ellos ha sido un ejemplo de
tenacidad y superación. Ex deportista paralímpico en Atlanta 1996 en
la modalidad de judo para ciegos, Montilla conquistó muchas medallas en
su periodo en activo, pero su principal medalla es la de vivir al
máximo, en dedicación continua a los demás y su capacidad innata de
resiliencia.

Una historia que les hemos contado en Gestiona Radio, en el programa de radio de Vidas Insuperables que cada lunes se emite a las 20.30 horas.

Una niñez desestructurada

Sobre su niñez, Juan recuerda
que nació en el seno de una familia “desestructurada”, lo que le lleva a
pasar toda su infancia en un colegio internado de ciegos de Sevilla.

“Como niño uno vive desde la
inocencia y la mejor manera que puede esa situación. Ahora, a toro
pasado, aseguro toda esa historia familiar, de ser un niño con ira
interior por las circunstancias, fue mi camino de aprendizaje. Hay que
saber afrontar las cosas que nos pasan en la vida desde la enseñanza y
el refuerzo, en lugar de desde el lamento”.

Precisamente, el mundo del
deporte lo descubre en el internado. “Jugaba al fútbol y me gustaban
casi todos los deportes. Era un niño bastante hiperactivo y bastante
trasto – bromea-, aunque sin ninguna mala intención. Si yo me viera con
un niño como yo era, se me vendría el mundo encima – se ríe-“.

Sin embargo, fue en Madrid,
donde, casi de manera casual, llega al tatami, en un gimnasio junto a
unos amigos, y conoce el judo. “Al principio, pensaba que era un rollo
dedicarse a ello, porque exigía, por ejemplo, una disciplina que yo no
tenía”.

No obstante, de lo que guarda mejor recuerdo es de los Juegos Paralímpicos de Atlanta 1996.
“Aunque no tuve medalla, no la sustituyo por nada”. En ese sentido,
afirma que “la mejor medalla que se puede conseguir es vivir, no
sobrevivir. Las medallas caducan al día siguiente. La verdadera medalla
que te pones en la vida es supervivir: sacar todo el jugo a cada momento
y saber sacar lo mejor de ti para transmitirlo a los demás y viceversa
para poder crecer como persona”.

Cuando su carrera deportiva
termina, decide enlazar con su carrera profesional de fisioterapeuta y
comienza su trayectoria en el Centro de Fisioterapia Afidas, donde está
una década como trabajador de la plantilla.

Sin embargo, los avatares de la
vida le llevan en 2013 a tener que tomar la decisión de hacerse
emprendedor, en una apuesta bastante valiente, en plena crisis y “sin
recursos económicos”.

“Le hago al dueño una propuesta
de adquisición del centro y le doy la vuelta al proyecto, contando con
profesionales que son grandes personas y magníficos profesionales y nos
permite seguir creciendo hasta la actualidad”, en que cuenta con 18.000
clientes. Al respecto, asegura que en Afidas, “crezco cada día gracias a
los compañeros que tengo”.

En ese marco, pone en marcha un
proyecto basado que Juan resumen en la frase “las manos que ven lo que
no ven los ojos”. “La vida es tan sabia que nunca quita la vista.
Sustituye una cosa por otra. La ausencia de vista, que por otro lado es
el sentido que más engaño propicia, se compensa con la gran sensibilidad
que tenemos en las manos,  que nos sirven para ser útiles a
deportistas, gente con problemas traumáticos y otras patologías”.

El capital humano

“A todo ello se une el gran
capital humano que tiene nuestro centro de trabajo. Y como lo semejante
atrae a lo semejante, tenemos unos pacientes con un gran valor humano”,
añade.

En paralelo, a su labor de
gestión empresarial, Juan Montilla ha seguido vinculado al mundo del
deporte, donde se sigue marcando retos que superar. Recientemente, ha
concluido su tercera maratón, la de Barcelona, donde volcó todo su
entusiasmo, junto a dos guías, Juan Carlos y Pedro que le acompañaron en
la cita.

“El público me animó como nunca
lo ha hecho”, recuerda de la prueba, donde, curiosamente, su estupendo
estado de forma le permitió incluso dejar atrás a uno de sus guías. “El
ciego se te ha escapado, le decía al guía entre bromas los aficionados”,
bromea Juan.

Juan Montilla es un modelo a
seguir. Una persona que transmite valores en cada una de sus palabras.
Por ello, a los jóvenes les aconseja: “Hay que saber descubrir lo que te
gusta y cuando lo hayas hecho, debes hacerlo con amor y pasión. Con
todo ello, si sabes proyectar tu amor en los demás y sacar el amor de
los más para crecer personalmente, encontrarás la felicidad”.

Como emprendedor que apuesta por
la inclusión sociolaboral, Juan Montilla también anima a los
empresarios que a apoyar al capital humano, que es lo importante en las
empresas”.

Sin embargo, poco a poco, el
'veneno' de este arte marcial se hace con él y empieza a focalizar sus
circunstancias personales a través del judo. “Tenía un mundo interior
que empezó a abrirse y que, con todas las consecuencias, yo asumí para
salir adelante gracias a ello”.

“La mejor medalla es supervivir”

La rabia interior que acumulaba
por su difícil niñez, la canaliza a través de este deporte, le va
formando como persona y empiezan a llegar los éxitos deportivos. En la
década de los años 90 del pasado siglo, obtiene varios campeonatos de
España consecutivos, un bronce en el Mundial de Colorado de 1994 y
varios metales en Europeos.