Compartir

'Vivir superando límites' es el título de las conferencias que Ricardo Ten (Benimamet, 1975) acostumbra a dar a chavales, adolescentes y adultos en su comunidad, la valenciana, como parte del proyecto 'Di-Capacidad' auspiciado por la Fundación de su club del alma, el Levante. En su caso, el de una persona que carece de los dos brazos y la pierna izquierda desde los ocho años, semejante frase es además el lema de cabecera de una existencia rica y plena de alegrías gracias, en buena parte, a su irrefrenable pasión por el deporte.

“La vida nos va poniendo obstáculos, nuevos retos, y hay que aprender a superarlos. También uso mucho en mis charlas el de 'Ten confianza', jugando con mi apellido”, explica a Vidas INsuperables esta suerte de 'Sport Billy' del siglo XXI: un atleta en mayúsculas dotado de un gen camaleónico sin parangón, capaz de colgarse tres oros paralímpicos en natación; subir al podio el pasado abril tras quedar segundo en el eslalon gigante de los campeonatos de España de esquí o conquistar la medalla de plata en la prueba de ruta en unos Mundiales de ciclismo, como sucedió recientemente en Pietermaritzburg (Sudáfrica).

Su facilidad para reinventarse y triunfar a las primeras de cambio en dos nuevas modalidades deportivas, tras más de dos décadas persiguiendo la excelencia en las piscinas (donde logró seis metales en cinco Juegos y otros 29 entre Europeos y Mundiales), sería digna de un estudio científico, por más que este polifacético mito del movimiento paralímpico español lo vea como algo de andar por casa.

“No es que me sorprenda, pero sí que tengo claro que se me dan bien porque soy muy hábil y ágil, pese a mi discapacidad. Son cualidades que he desarrollado y eso me permite adaptarme a muchos deportes, además del hecho de ser muy competitivo. Y no sólo al máximo nivel, sino también con los amigos. Quiero ganar siempre”, admite entre risas.

Llevar el deporte inyectado en las venas y haber jugado desde chavalín al fútbol, baloncesto, tenis de mesa, por no hablar de sus interminables correrías en bicicleta junto a su pandilla de colegas, fue la tabla de salvación a la que se aferró después de aquel infausto día en el que el viento de la desgracia se cebó con Ricardo mientras jugaba con su primo en el techo de una casa en el campo.

 El hierro de un tendido eléctrico muy próximo a donde se encontraban le rozó lo justo para electrocutarlo. Con el 75% de su cuerpo quemado y tras varias intervenciones quirúrgicas, el valenciano acabó perdiendo sendos brazos y una pierna.

“El deporte lo es todo para mí. Fue, de hecho, la herramienta de normalización de mi vida. Aquella bici adaptada que se curró mi padre con mi hermano, pocos meses después del accidente, me permitió llevar una vida normal, integrarme nuevamente con mis amigos y ser consciente de que podía lograr cualquier cosa que me propusiera”, confiesa. “Además me ha inculcado unos valores que luego he podido poner en práctica en mi día a día. Gracias al deporte he conocido a mi mujer; he tenido una salida profesional, tuve mi primer trabajo; he viajado por todo el mundo y conocido otras culturas, lo que te ayuda a ser una persona mucho más abierta”.

Aquel primer modelo casero de bicicleta adaptada, que tan hermosos recuerdos le trae ahora que se ha reencontrado con ella a nivel profesional, “porque era mi medio de transporte para ir a entrenar y mi vía de escape para irme con los amigos los fines de semana”, sería el primero de una interminable lista de 'muros' (como le gusta llamarlos) que ha derribado desde entonces a fuerza de voluntad, tesón y la mirada positiva con la que afronta cada reto que asoma en el horizonte.

“En mi vida no cabe el término imposible, y mira que lo he oído veces. Desde el accidente no he parado de escucharlo. Al escribir, para desenvolverme por mí mismo, al ir en bici, al conducir, por tener pareja, por querer formar una familia… En bastantes ocasiones me han tratado en plan pobrecito minusválido, quién lo va a querer, no va a poder hacer cosas.

 Mi carácter y las enseñanzas de mis padres, que siempre me insistían en que antes de renunciar a hacer algo hay que intentarlo mil veces, me ayudaron a desterrar esa palabra”, sostiene sin acritud alguna el tres veces recordman mundial en los 100 metros braza de su categoría.
Guerrero inquebrantable

Esa filosofía vital, que ha hecho de Ten un guerrero inquebrantable y un maestro en materia de superación, sólo se ha visto al borde del precipicio por culpa de las trabas ajenas. “Ha habido situaciones que me han frustrado bastante, como cuando quise sacarme el carnet de conducir. Tenía claro que podía sacármelo y me lo denegaron dos veces. Eso me frustró mucho, pero soy muy obstinado y al final logré que me hicieran una prueba en un circuito cerrado. Vieron que era apto y luego ya me lo saqué rápido. Lo tengo hace más de 20 años”.

Padre de dos hijos, a los que ha inculcado desde pequeñitos “que disfruten con lo que hacen, que estudien lo que les guste y si son capaces de vivir de ello, como yo, pues estupendo”, este todoterreno imbatible al desaliento no podrá finalmente rizar el rizo persiguiendo una medalla en los campeonatos del Mundo de natación de México poco tiempo después de haberse subido al podio en su estreno mundialista como ciclista. 

El cambio de fechas del evento (del 27 de noviembre al 7 de diciembre), motivado por el terrible terremoto que devastó la capital mexicana a fines de septiembre, le impedirá despedirse compitiendo de la modalidad deportiva que le encumbró como uno de los referentes de nuestro deporte paralímpico.

Tan fatal imprevisto le privará de la posibilidad de sacarse de encima la amargura con la que se despidió un año atrás de los Juegos cariocas. “Fue una pena lo de Río porque físicamente estaba muy bien, para hacer mejor marca de la que hice. No sé si fue por falta de ambición o por esa rutina de tantos años que no logré un mejor resultado. 

Fue la primera vez que no hice podio y me supo mal. Ahí me di cuenta que mi ciclo como nadador se había acabado y que había que ponerle broche. Pero las circunstancias han querido que lamentablemente no pueda ser en México”.

A partir de esta temporada, borrón y bici nueva. “Por encima de todo pienso en disfrutar y en ilusionarme. Noto que me brillan otra vez los ojos, algo que me pasaba cuando empecé con la natación. Acabo de empezar y me queda mucho que aprender, así que los objetivos son seguir competiendo, aprender y mejorar. 

La siguiente prueba será el campeonato del mundo de ciclismo en pista. Quiero ir allí y ver de qué soy capaz, intentar hacerlo cada vez mejor y conocer bien este deporte, del que no tengo la suficiente información como para saber cuál es mi margen de mejora. ¿Tokio? no está en mi mente ahora. Falta mucho y pueden pasar mil cosas”. Cierto es, pero con Ricardo Ten sobre el manillar, 'impossible is nothing'.

http://vidasinsuperables.com