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El maquinista del Alvia siniestrado en Santiago de Compostela, Francisco Javier Garzón, denunció este miércoles en el Congreso de los Diputados que “era un accidente anunciado”, como consecuencia de que no había ni una señal de limitación de velocidad para advertir sobre la curva en la que se debía frenar de 200 a 80 kilómetros por hora y aseguró que “prefería haber muerto yo que cualquiera de ellos”.

“La línea no contaba con un análisis y evaluación de riesgo”, afirmó el maquinista en su discurso en la comisión de investigación del accidente en la Cámara Baja, que tuvo que ser leído por el secretario de la mesa, ya que Garzón fue incapaz tras romper a llorar.

Para Garzón, la única barrera era “la memoria de los maquinistas”, lo que dejaba sin protección al tren ante un episodio de “pérdida de conciencia situacional” como la que sufrió al atender a la llamada de teléfono del interventor, algo que debía hacer, según defendió.

El maquinista, que compareció junto a su abogado, pidió a la Comisión que le permitiera difundir el audio de su conversación con el centro de control de Atocha tras el accidente, petición que fue rechazada al formar parte de un sumario de un caso todavía abierto.

De hecho, la comparecencia tuvo que ser suspendida durante unos momentos cuando el portavoz de ERC, Gabriel Rufián, trató de reproducirlo, para mostrar que tras afirmar que “tenía que pasar a 80 y pasé a 190” recordaba después que ya había avisado sobre la peligrosidad de la curva.

Garzón, quien rechazó considerarse “chivo expiatorio” o “cabeza de turco” a preguntas de varios portavoces, cuestionó la premura mostrada por la ministra de Fomento, Ana Pastor, y el secretario de Estado, Rafael Catalá, para trasladar al juez dicha grabación cuando se personó en el lugar del accidente.

También mostró su malestar por el trato recibido en los calabozos de la Policía en Santiago de Compostela donde fue trasladado poco más de 48 horas después del accidente directamente desde el hospital.

En concreto, explicó que pese a que sus heridas no le permitían permanecer tumbado los agentes se negaron a facilitarle una silla, ya que en la celda solo había un catre. Como consecuencia, lamentó que tuvo que estar sentado en el suelo.

Además, se preguntó por la urgencia que tuvo la Policía por trasladarle ante el juez y la relacionó con el viaje del entonces ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, a la capital gallega donde realizó unas declaraciones para anunciar que el maquinista había sido detenido y que iba a comparecer ante el juez, quien le dejó en libertad al día siguiente.

Asimismo, mostró su malestar por la filtración intencionada de una fotografía de su perfil en una red social de un velocímetro a 200 kilómetros por hora “dando a entender que me encantaba correr”. A este respecto, aclaró que la instantánea fue hecha en un curso y que no era él quien llevaba el tren, sino que lo hacía el instructor.

Por otro lado, destacó que tanto en la investigación judicial como en la comisión del Congreso “comienzan a aclararse las causas reales” del accidente y mostró su confianza en que “las conclusiones determinen lo que ocurrió”.

En esta línea, recordó que 15 días después de la inauguración de la línea el personal de seguridad de Renfe y Adif ya contaba con advertencias sobre la curva y que no actuaron hasta después del accidente, cuando se instalaron las señales y las balizas que lo hubieran evitado.

“No había señal ninguna de que bajara la velocidad”, reiteró Garzón, quien expresó su “deseo que se determinen las causas mediatas, inmediatas y subyacentes porque las víctimas y la seguridad del ferrocarril lo merecen, ya que no puede estar basada únicamente en la actuación de seres humanos”.