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Tienes pinta de flamenco de los de antes, de los de fumar y cascar la voz, ¿sabes que lo “cool” es ser healthy, no?

(Ríe) Ahora nos cuidamos un poco más en general, no solo la gente del flamenco. Tenéis una concepción del mundo del flamenco algo distorsionada, sabes.

Un poquito, quizá.

Sí, y la verdad es que no puedo compartir esa opinión, mi generación no tiene nada que ver con eso. Pero de nuestra mano está el quitar ese estigma negativo que a veces tiene el flamenco.

Diría que ya no hay tantos estigmas, ¿no? Igual que se ha dicho siempre lo de que en el flamenco “mujeres no”.

Esto no tiene vigencia y nos hace mucho daño en algunas ocasiones, cada vez que puedo me preocupo de que estás cosas no pasen.

¿En tu equipo hay mujeres?

Claro.

¿Y cuál es su función?

Cantan, bailan… según. En el mundo del flamenco encontrar una mujer guitarrista es muy complicado, eh.

A ver, no pasa nada, todo el mundo sabemos que las mujeres bailan mejor porque los hombres sois más descoordinados.

(Reímos) ¡Tampoco te pases! Es verdad que últimamente hay que tener mucho cuidado con lo que se dice, la gente se ofende muy rápido. A mí no me ofende en absoluto que digan lo que hacen estupendamente las mujeres. A veces estamos en un mundo en el que llevamos las cosas a los extremos y nos ofendemos muy pronto.

Nos encanta lo políticamente correcto.

Ya, muy bien. Y luego cuando rascas, ¿qué hay?

¿Mentiras?

Pues ya está, prefiero una verdad a tiempo a que te estén endulzando y luego te peguen el hachazo. Igual que discutir sobre los puristas del flamenco, sobre si los toros sí o no… La gente pilla unos cabreos…

Como cantaor, ¿qué es lo que más te molesta del público?

Que no me presten atención, no porque yo merezca la atención sino porque me está molestando. Entiendo que no les guste, pero que no molesten.

¿Has parado alguna actuación alguna vez?

Sí, pero no porque alguien me haya dicho algo, lo que pasa es que hay festivales en los que el volumen del público crece y es increíble que tú con megafonía y todo no seas capaz de acallar las voces. Si no te gusta, te levantas educadamente y te vas. No pasa nada.

Yo odio a la gente del público que se creen palmeros flamencos.

Te contaré que para este disco teníamos elegido un tema que tuve que quitar. Cuando subíamos los micros de ambiente la gente cerca del tablao estaba dando unos golpazos en la mesa fuera de ritmo total.

Yo a esta gente que palmea les pegaría… (Reímos locamente)

Me gustas mucho porque eres muy diplomática, muy capaz de llegar a acuerdos.

Si tú y yo fuéramos líderes políticos, ¿llegaríamos a un acuerdo?

¿Entre tú y yo? Seguro.

Pongamos que tú eres del PP y yo del PSOE…

¿Nos cambiamos?

Bueno, vale, no me mires así. Tú del PSOE y yo del PP que voy de azul.

(Ríe) Ahora en serio, la virtud del ser humano es la de llegar a entendimientos. Yo respeto a todo el mundo, eh. Me pueden molestar ciertas conductas, pero siempre hay que estar dispuesto a entenderse con respeto. Quizá lo que más me molesta es insultar la inteligencia de alguien, que te intenten tomar por tonto… Por ahí no paso.

¿Eres más ángel o más demonio?

Espero ser las dos cosas a la vez, qué aburrido ser un ángel todo el día, ¿no? (Ríe)

No lo sé, yo nunca soy ángel, ¿qué te voy a decir?

En la vida de alguien lo que tiene que haber es diversión… Y la diversión lleva implícita alguna que otra maldad.

¿Alguna que se pueda contar?

Soy un cachondo y me gusta mucho el cachondeo, por eso de vez en cuanto hago alguna “putadilla” a mis amigos, pero también las acepto bien. Me gusta mucho picar a los compañeros encima del escenario para que se rían.

Pero si en el escenario eres muy serio.

Por eso, cuanto más serio se lo digo más se ríen.

¡Cualquiera lo diría!

Es que no sé por qué todo el mundo tiene esa concepción de mí. No lo entiendo.

Vete a saber… ¿Los flamencos ligáis mucho?

Yo no, los demás no lo sé. Imagino que la profesión a la que te dedicas puede llevar a que las mujeres se fijen más en ti, ¿no? Imagino que el que sea guapo ligará.

Hombre, tú eres guapo.

Hago lo que puedo, pero ser guapo o no serlo no es ninguna virtud.

Pero es agradable.

Es algo que te ha tocado. (Reímos) Lo que mola es lo que hay detrás de alguien guapo.

A ti te gustan más los “guapifeos”, eh.

Pues mira, mejor eso. Estar en un término medio.

Con toda la gente con la que conoces, ¿siempre te acuerdas de todos?

No, solo de las personas que me dicen algo, ya sean hombres o mujeres.

¿Y en qué te fijas para que alguien se te quede?

A mí una persona inteligente me desarma, es decir, alguien con quien tengas la capacidad de poder conversar, que las cosas que diga no sean una perogrullada, que haya algo inteligente que envuelve lo que dice y que te abra puertas. A mí me gusta eso, casi más que lo bello.

Siempre es interesante alguien que te hace reflexionar, pararte a pensar es menos feliz.

Pero están los ignorantes a los cuales su cabeza no les da para más, no sufres, ni dejas de sufrir. Y luego está la ignorancia a la que se llega por vaguería, no quieren enterarse. Esta es un tipo de ignorancia casi peor que la primera.

¿Leíste lo que escribió Elvira Lindo sobre ti? ¿Qué te pareció?

Sí, pero, ¿te digo la verdad? Yo no soy todas esas cosas que ella escribió, se lo agradezco, pero me veo una persona bastante más normal. No me detengo mucho, sinceramente.

Lo más interesante que dijo es que los discos ya no se escuchan enteros.

Esa parte sí que es cierta. Si ella tuvo la capacidad de hacerlo se lo agradezco enormemente, es una persona que conozco, me cae muy bien y comparto muchas cosas de las que piensa. Pero me ruborizo mucho, no me siento cómodo.

Supongo que no lees prácticamente nada de lo que se dice sobre ti.

No leo nada.

¿Por pudor?

Básicamente sí. Tampoco escucho nada mío a no ser que no tenga más remedio. Mi disco lo escucho mientras lo hago pero, ¿ponerme un disco mío para disfrutar? No lo he hecho jamás. Rehúyo de hacerlo porque me encuentro más fallos que nadie y me amargo más que nadie. Soy bastante autocastigador.

¿Qué escuchas entonces?

A otro montón de compañeros míos, me gusta mucho la música clásica y el jazz.

¿Has ido alguna vez de festivales?

Pues sí, cuando existía el “Espárrago Rock”, “Pirineo Sur”… Quizá tendría que pasar la experiencia de meterme en uno de 40 mil personas y ver cosas diferentes a la manera de cómo concibo yo el arte. A ver qué emociones tendría, algo tendrá.

¿Siempre has sabido que te ibas a dedicar a esto?

No, nunca lo he sabido, sigo sin saberlo. A mí me gusta hacer esto, quizá la parte del negocio es la que menos te va gustando, pero bueno.